Ciolumna de Hugo Tagle: Clases de religión en la mira

Las clases de religión en los colegios particulares subvencionados y municipales son optativas. En muchos particulares también. Los padres o apoderados deben firmar una petición indicando los motivos por los cuales quieren que sus pupilos o hijos sean eximidos. Si no lo hacen, se comprende que aceptan que sus hijos participen de la clase. Hasta ahí, todo bien. El problema está en qué hacer con los alumnos que se eximen.

He sido invitado en más de una oportunidad por profesores de religión a pasar algún tema en su clase. De la misma manera, me consta, invitan a pastores evangélicos o judíos. Y me encuentro siempre con que un grupo de alumnos están eximidos, por lo que “hacen otra cosa”.

Lamentablemente, las posibilidades de los colegios no les permiten tener a esos alumnos fuera o con otro profesor, por lo que deben quedarse en la sala. Un dolor de cabeza para todos.

En las primeras clases del semestre, me imagino, el sistema funciona y los alumnos eximidos efectivamente aprovechan algo el tiempo. Al poco andar el semestre, baja la incomodidad, el desorden, el aburrimiento. Los eximidos no saben qué hacer y el profesor tampoco.

¿Qué hacer con las clases de religión? Lo primero, debo felicitar aquí a los que diseñaron los libros de religión aprobados por el Mineduc. Año a año, un equipo interdisciplinario, autónomo de cualquier religión, reescribe el material y lo pone a disposición de los colegios (dele una mirada, buen lector, antes de criticar).

Las distintas iglesias poco tienen que ver con ese diseño. Sí se da que en algunos colegios hay mayoría de una u otra religión y se atiende a ese perfil con mayor atención, me imagino. Pero se sigue en el currículum lo planteado por el Mineduc que es, en términos generales, bueno y neutro.

En segundo lugar, quiero manifestar mi ¡total acuerdo con las clases de religión! Si evaluemos dos cosas: cómo mejorarlas y qué hacer con los que quieran eximirse.

Es una verdadera lástima esto de la eximición. Son pocas las instancias dentro del horario de clases en que se invite a los alumnos a confrontarse con las raíces de  nuestro modelo de vida, dónde se incuban los valores fundamentales de la sociedad y cómo se puede crecer en ellos ¡No existe ninguna imposición! Es un necesario proceso reflexivo que, de no existir ese espacio, los alumnos simplemente no lo tendrían.

A Chile no le sobra religión; le falta. Buena parte de los problemas que nos agobian tales como drogadicción, violencia intrafamiliar, adolescentes solos, falta de perspectivas de vida, tienen que ver con una debilidad de fundamentos valóricos; una falta de raigambre en lo que constituye la base de la sociedad occidental, sus raíces cristianas. No suprimir: ¡mejorar!

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