Claves para entender la Cumbre de Cambio Climático de París, COP21

Desde el próximo lunes 30 hasta el 11 de diciembre, líderes de 195 países del mundo se reunirán para establecer objetivos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y hacerle frente al cambio climático.

Por publimetro

Este 30 de noviembre comenzará la vigésimo primera Cumbre de Cambio Climático, organizada por las Naciones Unidas. 195 países, a través de sus principales líderes, estarán presentes en París en la que se ha calificado como un “punto de inflexión” en cuanto a calentamiento global se refiere.

Hay concenso en que el impacto de la actividad humana en el cambio climático es de un 95%, por lo que se hace urgente la necesidad de actualizar los Protocolos de Kioto, cuyas conversaciones de iniciaron en 1999 y entró en vigencia, finalmente, en 2005. En ese momento, las consecuencias del calentamiento global por excesos de emisiones de gases de efecto invernadero no eran tan evidentes. 16 años después, el escenario ha cambiado completamente: según la Organización Mundial de Meteorología, 2015 será el año más caluroso de la historia, desde la era preindustrial.

“Son malas noticias para el planeta”, ha dicho Michel Jarraud, secretario general de la organización. “(Este 2015) será probablemente el año más cálido del que se tengan datos, con unas temperaturas en la superficie del océano cercanas a los niveles más elevados desde que comenzaron las mediciones. Es probable que se cruce el umbral de 1°C”. Según el organismo, el cruce de este umbral simbólico es consecuencia tanto del fuerte fenómeno de El Niño vivido este año como del calentamiento global.

Por ello, hubo una revisión de los protocolos en 2009, en Copenhague, Dinamarca. En esa instancia, si bien se acordó elevar el porcentaje de reducción de la emisión para 2019 de un 5% a un 18%, el acuerdo solo se tomó entre países altamente industrializados. ¿Se cumpló el objetivo? Sí, considerando que las reducciones de dichos países ha bajado más de un 22% con respecto a 1999. No, viendo que el porcentaje que representan las emisiones de esos países, en total, es de un 11%.

A pesar de esto, se reconoce la importancia que tuvo Kioto por ser la primera vez. “Sin Kioto los esfuerzos por descarbonizar la economía mundial hubieran sido mucho más lentos”, señala la secretaria de la Convención de Cambio Climático de la ONU, Christiana Figueres, quien considera el Protocolo como “la semilla que desarrolló las primeras legislaciones para una economía baja en carbono”.

Es por esto que para esta reunión de París, han sido considerados todos los países que quieran participar sin importar su nivel de industrialización ni de riqueza (la Presidenta Michelle Bachelet ya ha confirmado su participación). Estas son algunas claves para entender más específicamente qué es lo que está en juego.

– Su objetivo es acordar un pacto que gestione el proceso mundial de descarbonización para que la temperatura del planeta no supere los peligrosos 2 grados a finales de siglo, así como para colaborar en la adaptación a los impactos que producirá el cambio climático aún cuando no se supere ese límite.

– El acuerdo entraría en vigor en 2020, tiene vocación de perdurar hasta 2050 y sustituiría la segunda fase del Protocolo de Kioto, aunque a diferencia de éste, que sólo incluía a un grupo de países industrializados que representan el 11% de las emisiones, el nuevo acuerdo incluye responsabilidades para todos los países y cubriría casi el 100% de los gases.

– Cerca de 170 países responsables del 95% de las emisiones han remitido a Naciones Unidas compromisos de reducción de emisiones para París (INDC, de Intended Nationally Determined Contribution en la jerga de las negociaciones). El efecto agregado de esas contribuciones, según la ONU, supondría un aumento de temperatura del 2,7 grados a finales de siglo.

– Según un informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), los compromisos requerirían una inversión de 13,5 billones de dólares hasta 2030, y en el caso de los países pobres están condicionados a la recepción de ayuda internacional.

– Los países plantean crear un mecanismo para revisar sus objetivos al alza cada cinco años, de manera que con el tiempo vayan siendo más ambiciosos y se pueda alcanzar el límite de los 2 grados antes de finales de siglo.

– Más allá de los compromisos, la finalidad del pacto es marcar el principio del fin de los combustibles fósiles, enviando un mensaje contundente a los mercados de la apuesta política mundial por una economía baja en carbono. Este objetivo se debe materializar en el texto con una fecha para las emisiones mundiales toquen techo, otra de reducción para 2050 y el fin de las emisiones en 2100.

– Los tres principales puntos de desacuerdo en la negociación son la financiación para mitigación y adaptación al cambio climático en los países más vulnerables; la diferenciación o no entre países ricos y pobres y la ambición del acuerdo más allá de una mera declaración de intenciones.

– Seis años después de que los países fallaran en el intento de alcanzar un acuerdo similar a este en la Cumbre de Copenhague 2009, las evidencias del cambio climático se han multiplicado: aumento de temperatura de 1,02 grados desde la época preindustrial, récord histórico de concentración de CO2 en la atmósfera (400 partes por millón) o el año más cálido de la historia: 2014.

– Nunca antes ha existido un momento político tan favorable al acuerdo climático: China y Estados Unidos han rubricado un compromiso para luchar juntos contra el calentamiento; y los países del G7 han emitido una declaración comprometiéndose a poner fin a los combustibles fósiles en 2100.

– El “clima” también es favorable en lo económico: 200 multinacionales han pedido a los países que pongan precio al carbono; las 10 mayores petroleras han creado una coalición para formar parte de las soluciones; las renovables abastecieron el 9,3% de la demanda energética mundial en 2014 y su precio se ha abaratado notablemente en la última década (un 80% en el caso de los paneles solares).

– Hasta el papa Francisco ha dedicado una Encíclica al cambio climático considerando que combatirlo es “una cuestión moral” y del “bien común”; y los líderes islámicos le han secundado con una declaración apelando al compromiso climático de los 1.600 millones de musulmanes.

– Aunque haya acuerdo, París dejará tareas pendientes como la creación de un mercado único de CO2; fijar un precio internacional al carbono o concretar planes que den respuesta a fenómenos por venir, independientemente de lo que ocurra, como el de los refugiados climáticos.

– ¿Habrá acuerdo? Cómo gustan decir los negociadores de la ONU “nada está decidido hasta que se decide”. La Cumbre de Copenhague despertó tantas o más expectativas que París y acabó en un infructuoso debate entre países ricos y pobres sobre a quién le correspondía afrontar el problema.

– En cualquier caso, la Cumbre de París no equivale a si va a haber acción o no en materia de clima, en tanto que es algo que ya existe y va a seguir existiendo. Se trata de decidir si esa acción se va a canalizar conjuntamente a través de un acuerdo mundial.

PUB/FHA

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