Columna de Beatriz Sánchez: El dilema de la participación

Por beatriz sánchez

Es lo uno o lo otro. Los hacemos o se queda igual. Es injusto, es cuesta arriba, no es el ideal presentado, pero… ¿hay alternativa?

Es bien extraño recordar el Chile de hace 10 o 5 años. No había tanta rabia, no había tanta discusión, no nos hacíamos tantas preguntas, ni cuestionábamos todo. ¿Estábamos algo ciegos? Sí. ¿Nos hacíamos los lesos? También.

Hace una semana, en un seminario un académico argentino comentó: ¿qué pasó con Chile? Y no lo decía con mala onda, sino con asombro. Explicaba que hace diez años había vivido en Santiago y en ese momento no era posible cuestionar la democracia chilena. Nadie levantaba la voz, nadie se hacía cargo de lo que no estaba funcionando.  No se podía. Y hoy, reconocía, todos la cuestionan a viva voz, en la calle, en los medios, en el espacio público y el privado, en seminarios y foros. No salía de su asombro.

Y es cierto. Y lo celebro. Me gusta que saquemos la voz. Me gusta que se haga público lo que se piensa. Los estudiantes sobre sus universidades, los liceanos de sus liceos, los trabajadores de sus pegas. Que lo hagamos en medios de comunicación, en conversatorios y masivamente en las redes sociales.

Y hay porqué. Si seguimos los casos judiciales grandes del último año hay políticos, grandes empresarios, connotados sacerdotes, dirigentes del fútbol. Todos citados e inculpados por tribunales.

¿Pero cuál es nuestro rol? ¿Qué podemos hacer nosotros los ciudadanos? ¿Qué nos queda? Si también somos parte de Chile y no lo miramos desde afuera, lo miramos por dentro. Sólo nos queda participar. Aunque sea nadar contra la corriente, aunque no suene seductor, aunque no haya ningún elemento que nos impulse. Aunque como digo, no haya músculo de participación. Aunque no haya ningún incentivo. Es que no hay alternativa.

Se cambió el sistema binominal. Pero si no votamos en masa para cambiar lo que criticamos en masa a través de las redes, van a salir electos exactamente los mismos.  Los mismos. Si no tomamos como nuestro el espacio que nos dejan para un debate constitucional, serán los mismos los que llevarán adelante ese debate, los mismos.

En España, después de los indignados se golpeó el tablero. Surgieron partidos nuevos, frescos, de real alternativa. Podemos y Ciudadanos. Cambiaron el debate, viraron el foco y se atrevieron a desafiar de tú a tú a los dos conglomerados que se turnaban en el poder. Y ganaron, puestos de poder y de representación. ¿Podríamos hacer lo mismo? ¿Cuánto demoraremos en darnos cuenta?

La condena a Jovino Novoa muestra un camino bien preocupante. Llegó a un acuerdo con la fiscalía donde, después de cumplir condena sin pena de cárcel por tres años, podrá nuevamente ocupar un cargo político. Tal como él consigió esa oferta de fiscalía, la pueden pedir todos los demás imputados que hoy desfilan por tribunales. Lo dicen los abogados de Ciudadano Inteligente, si la fiscalía se lo ofreció a uno, no puede negárselo a otros. Ese es el “precedente”. Con esto en mano, les digo que si no damos un paso en participación, los mismos que hoy vemos en tribunales podrán nuevamente salir electos en un próximo período. Y todo el reclamo, toda la rabia, toda la queja que leo en las redes -muy justificada- se quedará en eso… en una queja.

Entiendo que es un dilema de participación. Que hoy todo se armó en Chile para que sospechemos, para que no nos interese, para que quedemos afuera. Y entiendo también que en todos estos años de democracia no lo han cambiado los que dirigen el país. Pero si no reaccionamos, les aseguro que no habrá cambios. Si no lo hacemos nosotros, no lo harán los otros. Y ¿podemos darnos ese lujo? ¿O correr ese riesgo?

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

 

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