Columna de Nicolás Copano: carta a un joven periodista

Por NICOLÁS COPANO

Amiga, amigo:

Desde hace un buen tiempo siento la responsabilidad de escribirte. En general, muchos chicos me cuentan que han decidido entrar a nobles carreras como periodismo, publicidad o audiovisual inspirados en alguna de mis aventuras en el negocio de los medios de comunicación. Uso el término negocio porque nunca trabajé en una ONG informativa: mi matemática es aspirar a las mejores (sean mayores o menores) audiencias posibles para lograr un financiamiento a través de la publicidad, que me permita generar ciertos espacios de experimentación o libertad frente a una oferta bastante limitada de espacios para transmitir. Si mi idea es atractiva, alguien entregará su sistema de distribución a favor para que logremos juntos hacer cosas más grandes, ya sea en términos económicos o editoriales. Así funciono en los canales de TV, radio o diarios tradicionales donde me moví en mi carrera y, también, en esta revolución de las comunicaciones que es internet, en mis propias plataformas, en las cuales hoy me encuentro haciendo laboratorio (véase mqltvlab.org).

Amo comunicar realmente. Te lo juro. No pasa un día en que no haga un acto de hacerlo en público. Las redes sociales mataron la lógica de que teníamos que pedir permiso a uno de los grandes actores para hacerlo. Los grandes actores, tienen algo genial en todo caso: estructuras mas rápidas para lograr cosas enormes. Vendedores, equipos técnicos estables con experiencias increíbles (si hay algo que vale la pena conocer en la televisión son esos viejitos que mueven todo lo que te gusta ver) o áreas de estudio. Las buenas areas de estudio, en todo caso, no son las que “mandan” lo que ves, sino las que contribuyen con que disfrutes mejores experiencias. Hay ahora mucha trampa: mucha gente que cree que sabe y, en realidad, los que saben son los que han estado años haciendo cosas ahí. Quizás esos que están ahí hace años no se han “actualizado” lo suficiente, pero entienden cómo trabajar con poco o como administrar con maestría cuando tienen demasiado. La tele, la radio, los diarios son un arte. Y por eso te vuelvo a reiterar: quería escribirte para pedir algo si te gusta todo esto.

Si te gusta, en serio, vas a hacer lo que hay que hacer. La única lección de periodismo que recuerdo en mi fugaz paso por la facultad me la dio el profesor Aldo Rómulo Schiapacasse. Aldo nos dijo “los medios son un perro. Un perro lindo que te pasan. Te encariñas con el perro, lo paseas, lo bañas. Pero nunca olvides: un día te van a quitar el perro”. Les pasa a miles que creen que nunca los van a sacar de la pantalla o del micrófono. “Recuerda: el perro no es tuyo”. El perro no es tuyo. Pero ahora está más barato comprarse uno con internet. Internet son miles de pantallas y receptores de la frecuencia de ideas a comunicarse que están ahí. ¿Que puede hacer un niño o una mamá o tu mismo? ¿Que diferencia hay entre lo que puedas hacer tú, joven estudiante y un niño de 3 años rapeando? La respuesta es simple: los canales de distribución (desde instagram a Snapchat), la marca, la forma, el foco. Esas cosas que te van a encontrar con un montón de gente que no tiene tiempo para grabar su propio video, ni escribir su propio texto. Porque no todos saben o pueden, porque también hay gente que tiene que hacer cosas para el mundo: no sólo contarlas o teorizar de eso, que está también muy bien porque contribuye a que sean mejores.

Entonces amigo periodista, audiovisual, artista de la comunicación, lo que sea: todo está. Hoy no te puedes quejar. Hoy si yo fuese un adolescente en ciernes de la juventud no me sacarían de la puerta de la radio esperando conocer a mis ídolos para tratar después de emularlos para decirle: “Muchacho, haz tu propio canal de Youtube, cuenta las historias que otros no pueden porque ya no pueden arriesgar tanto, diseña un camino, usa ese tiempo infinito para saber.

Porque después la vida te cambia. Y está bien. Pero mientras cambia por favor: aprende a usar algo tan simple como Google. Muchos periodistas no saben ni buscar con fechas las cosas. Aprende también a localizar buenos feeds, mira cosas de todo el mundo, investiga sobre lo que te apasiona y arma un set de sitios que debes revisar todo el tiempo. Diseña alarmas de los temas que vale la pena saber para tu pega. Transfórmate en experto o fanático de algo. Ama las métricas. Ama tu trabajo, arriesga. Lo único que queremos los empresarios en los medios es que nos propongan cosas, incluso si no estamos de acuerdo: prefiero mil veces una idea que un silencio. Prefiero mil veces la pasión que la desidia de pensar que cuando eres periodista te pones un traje para ser algo. Prefiero realmente a los buenos: no a la tropa de vigoréxicos. Quiero conocedores, quiero gente con sangre, quiero gente que me enseñe y que me haga mostrarlos porque me veo mejor con ellos cerca que lejos. Quiero gente de verdad. No quiero mas idiotas que se quejan por todo y no proponen nada. Quiero producción, quiero luz y quiero ideas porque todo lo que realmente existe es a la vista de la gente. Quiero buenas historias, largas o cortas, pero que me hagan pedir más y más. Y tu tienes el tiempo y la libertad de hacerlas. No te las gastes tomando cerveza en un patio feo mientras hay gente que se muere por contarte algo para cambiar cosas reales. No te gastes esos minutos donde tu cerebro es mejor pensando en pasar. Tu no tienes porque pasar. Si ya decidiste comunicar, estás obligado a quedar enmarcado en una definición de Wikipedia.

Nada más. Nada menos.

Corre riesgos. Mientras más joven eres, mas te lo perdonan. Y mejores memorias tendrás para que a futuro no sientas que eres un tipo que simplemente rellena páginas de WordPress o Word para irse temprano a casa.

Aprovecha.

Saluda atentamente, Nicolás

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