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Vuelta a la carrera por las legislativas en España

 

La ilusión de un cambio con que muchos votantes recibieron el resultado de los comicios del 20 de diciembre se ha convertido en hartazgo al día siguiente del anuncio de nuevas elecciones para el 26 de junio ante la imposibilidad de ningun aspirante a poder formar gobierno.

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«Es un circo», se lamentaba Marisa, una jubilada de 81 años, en el centro de Madrid, antes de añadir que hace tiempo que no vota.

«Cada partido ha privilegiado sus intereses», se quejaba Gabriela Pérez, empleada de un bar de 34 años, que votó a la izquierda, lamentando que los partidos no hayan sido capaces de acordarse para formar gobierno.

«Fracaso», «naufragio», «impotencia» titulan los diarios del país, todavía dirigido por el gobierno saliente de Mariano Rajoy, que sólo puede gestionar trámites menores, recordando a Bélgica, que estuvo más de un año sin Gobierno entre 2010 y 2011.

Las últimas elecciones permitieron la entrada al Parlamento de dos nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, que prometieron resolver los problemas de los españoles: el desempleo, que afecta a un activo de cada cinco, o la corrupción.

– «Imposibilidad de acuerdo» –

Pero, ni uno ni otro han sabido evitar el bloqueo y dar con un jefe de Gobierno dialogando con los «antiguos»: el Partido Popular y el Partido Socialista, que disponían respectivamente de 123 y 90 escaños, frente a los 65 diputados de Podemos y los 40 de Ciudadanos.

El líder socialista, Pedro Sánchez, que intentó una alianza con Ciudadanos temiendo convertirse en rehén de la izquierda radical, responsabilizó a Podemos del fracaso, después que este partido rechazara en dos ocasiones apoyar el pacto Psoe-Ciudadanos, por considerarlo demasiado liberal. «A Podemos hoy no lo representa (su líder, Pablo) Iglesias», dijo, describiéndolo como un hombre «inflexible». La víspera le acusó de ofrecer un «salvavidas» a la derecha.

La clara división de la izquierda ha mermado sus posibilidades reales de desplazar al PP, en el poder desde 2011, a pesar de que obtuvo más de 11, 5 millones de votos, frente a los 10, 7 millones para PP y Ciudadanos.

Para estas nuevas elecciones, la derecha ya ha anunciado que no va a cambiar de programa, abogando por la «estabilidad» y la continuidad de los esfuerzos para reducir el desempleo frente a los «desvíos» de partidos como Podemos.

La izquierda sigue centrada en la reducción de la desigualdad, que se ha multiplicado por 14 durante la crisis iniciada en 2008, según Oxfam.

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– «Electorado volátil» –

Pero, «el electorado de izquierda lo veo en una encrucijada: ‘voto útil sí, pero ¿para quién?'», destaca la socióloga Belén Barreiro, directora del instituto demoscópico MyWord. ¿Para el Psoe, que defiende su cercanía a los centristas, moderados, o a Podemos, que contempla una alianza con Izquierda Unida y podría suponer un giro a la izquierda?

Esta incertidumbre podría acabar por favorecer a la derecha, sobre todo si supone una mayor abstención.

«En el último mes hemos observado un hartazgo frente a las escenificaciones fallidas de acuerdos», declaró a la AFP bajo cubierto de anonimato un parlamentario conservador. Este riesgo podría afectar más al electorado joven, que tiende a votar a los nuevos partidos más que al PP, cuyos electores son mayores y «fieles», dice.

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«También habrá electores que al ver a Ciudadanos tan cercano al Psoe van a volver a votar al PP», espera. Este miércoles, Rajoy subrayaba esta cercanía, recordando el apoyo de Ciudadanos al Psoe. «Estos meses han ayudado a que los españoles nos sitúen a todos», aseguró.

No obstante, José Ignacio Torreblanca, director en Madrid del ‘think-tank’ Centro de Estudios Europeos, advierte contra las previsiones ante un electorado muy «volátil».

En las últimas elecciones, «España es el país donde la transferencia de votos (hacia los nuevos partidos) ha sido la más alta», por delante de Grecia, Italia o Portugal, explica. Así, en 2008, a principios de la crisis económica, un 83% de los españoles había votado por los partidos tradicionales, frente al 47% de 2015. Pero, este electorado es imprevisible, advierte Torreblanca.

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