Con ofrendas de "aviones "y "Rolls-Royce" a antepasados vietnamitas esperan ser millonarios

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AFP

 

Los vietnamitas creen que pueden ser millonarios en el más allá gracias a las ofrendas en papel realizadas por sus vástagos, que se afanan en proveer a los antepasados de aviones, Rolls-Royce o iPads.

 

En el taller de Nguyen Nam, en los suburbios de Hanói, un hombre da los últimos toques a la maqueta gigante de un Boeing con el logotipo de la compañía nacional, Vietnam Airlines.

 

Su perfeccionismo lo ha llevado a reproducir incluso las azafatas, y eso a pesar de que sabe que su obra quedará reducida a cenizas.

 

“Creemos que nuestros muertos recibirán estos objetos una vez que ardan”, explica Nguyen Nam.

 

Siendo tres “lleva dos semanas construir un auto como éste”, añade el artesano delante de una maqueta de Rolls Royce de tamaño real.

 

En Vietnam, donde el culto a los ancestros es sagrado, para celebrar la mitad del año lunar, numerosos habitantes queman réplicas en papel de objetos cotidianos.

 

El fenómeno es muy popular entre los jóvenes, bastante dados al consumismo desarrollado desde hace 30 años en el país comunista en virtud de una política de apertura económica, llamada el Doi Moi.

 

En vietnamita estos objetos se denominan “hang ma” y siguen siendo muy populares, incluso entre las familias adineradas de las ciudades, con motivo de esta celebración que acaba de terminar.

 

En este país en el que el budismo y el taoísmo se entremezclan, se cree que el humo de estos papeles subirá hasta los antepasados de quienes los queman y que podrán usarlos en el más allá. Vietnam comparte esta tradición con China y Camboya, dos países vecinos.

 

Las reproducciones en papel incluyen mansiones, pantallas planas de televisión, teléfonos móviles, iPads, ordenadores, coches de lujo y demás signos exteriores de riqueza.

 

 

Diferencia social

La tradición estipula que el donante elija como “hang ma” algo que él mismo haya comprado o desee conseguir en la vida terrenal, lo que otorga una dimensión de prestigio social.

 

“Consiguen en el más allá algo que tenemos en la Tierra”, explica Dang Xuan Nhi, de 70 años, un fabricante de objetos de papel.

 

El precio de estos objetos oscila entre unos cuantos euros y varios cientos, en función de su tamaño y finura.

 

Los Rolls-Royce y las mansiones con piscina, tanto en la vida real como en papel, están reservados a la élite económica, en un país donde los ingresos medios anuales son inferiores a los 2.000 euros.

 

En periodos de menos opulencia, los vietnamitas ofrecían objetos de papel más modestos, como billetes falsos, comida o prendas.

 

Aparte de los objetos de lujo aún se ven hoy en día cascos o relojes de papel. Y es que aunque el crecimiento económico continúa elevado (más de 5% en 2016) las desigualdades sociales saltan a la vista.

 

Según las estimaciones de la prensa oficial, arden cada año hasta 50.000 toneladas de papel y de objetos diversos. Algunos queman piezas de verdad, incluidos coches.

 

Esta actividad es frenética con motivo del Año Nuevo lunar, pero también se suelen quemar cosas por el aniversario de la muerte de un familiar.

 

En el pasado, el régimen comunista prohibió esta costumbre y luego intentó desalentarla para evitar la quema de tanto papel y el gasto de dinero. Fue en vano.

 

 

 

 

DP/PCP

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