Columna de Nicolás Copano: #NiUnaMenos

Hoy se marcha con las mujeres. Este miércoles 19 hay una convocatoria en Plaza Italia contra la violencia. En Santiago comienza a las siete de la tarde. El llamado es a terminar con el asesinato de mujeres. Mujeres que han perdido la vida en manos de hombres. Hombres formados en estructuras machistas donde se fomenta la violencia.

Simple de entender, pero horrible de explicar para una sociedad donde todo se basa “en lo que a mí me afecta” como motor del diálogo y pone a la defensiva a cualquier interlocutor en una conversación pensando que por solamente exponer un tema “lo hace partícipe”.

En síntesis: egoísmo puro. Hoy no es el día para debatir si “las mujeres son más machistas que los hombres”. Tampoco es la jornada para explicar como hombres qué sentimos del tema.

Pienso que es un día para hacer algo muy simple: promover y asistir. Acompañar desde ser un par y no un dueño o un jefe de manada. No es la jornada para ser héroe o apropiarse de una causa. Es un día para promoverla y escuchar qué se dice. Porque somos hombres y nunca estaremos en esa posición de desigualdad.

Para nosotros es difícil entenderlo, porque nunca tendremos que cargar con ser mujer. Con esos tiempos y sentimiento de demanda permanente. Con esa interpelación simplemente por ser. Ahora ¿eso nos hace ser entes indiferentes? No.

Por supuesto que todos podemos hacer algo. De partida comenzar a aprender. Y tener disposición a cambiar. Es complejo por supuesto. Todo el mundo ha cometido errores, que encima en nuestra época quedan registrados e interpretados.

En un mundo donde todos están cazando gafes nos sentimos aún más amenazados de decir algo o cambiar. Pero todo el tiempo nos estamos educando. Y está bueno intentar en el diario vivir hacer algo.

Yo comencé a trabajar con más mujeres que hombres hace muy poco tiempo: estaba aburrido de ciertos patrones. Tenía miedo de los resultados (miren qué pelotudo más grande) porque crecí en un colegio de hombres y luego, en mi ambiente estaba rodeado de ellos. Sabía que era un lugar seguro y que desubicarse era una anécdota pasajera.

Cuando las mujeres entraron a trabajar conmigo no sólo me vi interpelado por nuevas preguntas (lo cual es siempre entretenido), sino también a aprender a mirar desde otra perspectiva como mis actos o palabras afectaban una sensibilidad diferente a la que estaba acostumbrado a rodearme. Obviamente esto abre tu cabeza y te hace pensar en tu mamá, tu hermana, tus amigas, tus parejas, de otra manera. Dejas esas falsas épicas muy propias de motores de consumo (las películas románticas, por ejemplo) para ver al otro como un ser independiente e íntegro.

Pero para eso no nos educan. La verdad es ésa. Las mujeres son los nuevos gays: las ven como amenazas y están enojados los conservadores con su independencia. Todo esto extrema los discursos y actos, pero parece ser la única forma que no las maten. Es increíble. Y son encima más de la mitad de la humanidad.

Los hombres han hecho mucha trampa. Por eso, hoy salga. Escuche. Lea y aprenda. Y ante todo, cuando pueda, adviértale a su colega hombre que no sea tan cavernario. No es tan difícil dejar de perpetuar una cultura de muerte.

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