Columna de Alejandro Álvarez: El valor del voto

La primera vez que se votó en Chile fue en 1811, para elegir al primer Congreso Nacional, mientras el rey Fernando VII se encontraba cautivo por los franceses. En esas elecciones sólo participaron “los hombre libres” mayores de 25 años, en caso de estar solteros, y 21 para los casados. En 1834 se estableció el sistema censitario, que exigía a este mismo grupo tierras, renta y que fueran letrados.

Recién en 1934 se aprobó el voto femenino para las elecciones municipales, y se les otorgó el derecho a voto para elecciones presidenciales y parlamentarias en 1949. Finalmente en 1952 las mujeres participaron por primera vez en unas presidenciales.

Estos hechos muestran cómo ha evolucionado el sistema de sufragio en nuestro país, al otorgar progresivamente este derecho a más ciudadanos, y que hoy está amenazado por la indiferencia. En el ranking “Índice para una vida mejor”, Chile se ubicó en uno de los puestos más bajos en cuanto a compromiso cívico, ocupando el lugar número 33 de 35 países que componen la Ocde, por medio de la evaluación de parámetros tales como: educación, salud, vivienda, seguridad, ingresos, entre otros, obteniendo la peor calificación en participación democrática, desigualdad social y libertad de información.

Para las próximas elecciones municipales, expertos vaticinan menos de un 40% de participación. Los comicios a alcaldes y concejales representan una oportunidad clave para manifestar nuestro interés por Chile y su futuro, revirtiendo el triste indicador del bajo compromiso cívico registrado.

El papa San Juan Pablo II, en su exhortación Christifideles Laici,  concluía que “los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la ‘política’; es decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común”.

La historia de nuestra nación, desde su origen independiente ha estado transida por dificultades y desafíos, que lejos de doblegarnos, han hecho resplandecer lo mejor de los hijos de esta tierra, de la cual somos continuadores y herederos. Así, como la construcción de una profesión, una familia o una amistad requiere compromiso y dedicación, la construcción de una sociedad más justa y humana, necesita una mayor entrega de todos.

Por otra parte, todos los grandes cambios y procesos que han debido enfrentar Chile y sus habitantes, han contado a lo largo de la historia, con el compromiso y colaboración de todos y cada uno de los hijos de esta patria, especialmente en los momentos de crisis, sin excepción, lo que nos ha permitido levantarnos una y otra vez, contra todo pronóstico.

Hoy atravesamos una de aquellas crisis, marcadas por la falta de confianza en las instituciones y autoridades, cuyo descrédito se debe a múltiples y complejos factores de difícil y muy extenso análisis.

Y aunque parezca contradictorio, el camino para revertir esta situación es participando activamente con nuestro voto, para elegir a aquellas autoridades que sean capaces de devolver a nuestra patria aquellos valores y principios que siempre nos han caracterizado como nación, poniendo en el horizonte el interés superior del servicio a la patria y su destino, para ofrecer a todos y cada uno de los miembros de la nación, las oportunidades y condiciones que les permitan su mayor realización espiritual y material posible, con pleno respeto a las libertades de todos y cada uno de los chilenos.

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