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Matrimonios forzados o prostitución: los dos horribles caminos de las norcoreanas que huyen a China

“Aparte de una ínfima minoría de afortunadas, la mayoría vivirá el resto de sus días una existencia completamente miserable”, indicó una activista del país liderado por Kim Jong-un.

Vivir la opresión y las privaciones en Corea del Norte o huir a China pese al riesgo de acabar como esclava sexual es la disyuntiva escalofriante a la que se enfrentan muchas norcoreanas, cuenta la activista Hyeonseo Lee, quien huyó hace casi 20 años.

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Esta mujer pertenecía a una «casta» relativamente acomodada de uno de los países más herméticos del mundo. En su caso lo que la empujó a huir en 1997 no fue la necesidad, sino la curiosidad.

Su autobiografía «La chica de los siete nombres» fue todo un superventas. En la actualidad milita por una mejor protección de las personas que huyen de Corea del Norte, en particular por estas mujeres obligadas a prostituirse o a un matrimonio forzado en China.

«Aparte de una ínfima minoría de afortunadas, la mayoría vivirá el resto de sus días una existencia completamente miserable», declara a la AFP. «Serán violadas varias veces por día, por un número interminable de clientes».

Horrorizada por los testimonios de las supervivientes, Hyeonseo Lee lanzó la oenegé «North star NK», cuyos miembros tienen como objetivo, en China y en el sudeste de Asia, ayudar a las norcoreanas. «Las humillan y destrozan tanto que se niegan a hablar, por eso decidí que había que hacer algo por ellas».

«Encadenada a una cabaña»

Salir de Corea del Norte no es lo más complicado, explica Hyeonseo Lee. La frontera con China está delimitada por dos ríos que en invierno suelen estar congelados.

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Lo peor es una vez que se llega al otro lado porque como carecen de estatus de refugiado, la amenaza de expulsión es permanente.

De ahí la extrema vulnerabilidad de las norcoreanas que consiguen huir. Muchas quedan a merced de quienes organizan la travesía, sin escapatoria.

«Para las mujeres y las niñas norcoreanas, los matrimonios forzados y la violencia sexual en China son casi un paso obligado para llegar a un país tercero», explica Phil Robertson, director adjunto de Human Rights Watch en Asia.

Hyeonseo Lee casi cae en ese horror en China al conseguir un empleo en una peluquería que en realidad era un burdel.

A muchas mujeres las venden a campesinos chinos. La política del hijo único y una preferencia por los niños varones condujeron a una escasez de mujeres casaderas.

Y familias chinas están dispuestas a pagar cientos de dólares para comprar una mujer y evitar la soltería de su hijo.

«Una mujer que conozco recibía palizas brutales de su marido y familia. Para evitar que huyera, cuando no la tenían al alcance de la vista, la encadenaban a una cabaña», recuerda.

«Unas optan por el suicidio. Otras viven con la esperanza de, un día, escapar de esta pesadilla. Pero casi ninguna lo consigue», explica Hyeonseo Lee.

«Cadáveres en las calles»

Ella, como muchas otras, se sintió atraída un día por China. Aún se acuerda de las luces que veía al otro lado del río. 

«Nuestro país estaba completamente a oscuras, cuando se supone que éramos superiores», recuerda.

Fue como una revelación: «La triste verdad es que la mayoría de los norcoreanos cree sinceramente que su completa ausencia de libertad es normal».

«Viviendo tan cerca de la frontera, podíamos ver en secreto las cadenas de televisión chinas, que me abrieron los ojos sobre un mundo nuevo».

La terrible hambruna de los años 1990 hizo que todavía tuviera más dudas.

«En la ciudad de Hyesan donde vivía, vi cadáveres en las calles. El olor a carne putrefacta me provocó arcadas», afirma.

Lee acababa de cumplir 17 años cuando pasó del otro lado de la frontera, con la intención de hacer una visita breve. Fue el comienzo de una odisea de 10 años, durante la cual cambió de identidad varias veces, escapó por poco a redadas contra los «clandestinos» norcoreanos y sufrió golpes y traiciones.

«Lloré tanto en China. Pensé que nunca iba a volver a ver a mi familia». En 2008 obtuvo asilo en Corea del Sur y más tarde logró sacar a su familia del Norte.

 

PUB/CM

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