Columna de Rodrigo Tupper: Fundación Portas, educación y movilidad social

“Mi mamá me repite constantemente que debo terminar mis estudios, ella lo único que me dice es que es necesario tener un título o sino será difícil salir adelante y yo veo como a ella, que no terminó cuarto medio, siempre le ha costado encontrar trabajo”. Estas son palabras de Evelyn (23), que está a un semestre de terminar su carrera y es la primera en su familia en llegar a la educación superior.

Como Evelyn hay miles de jóvenes chilenos que sueñan con ingresar a una universidad o instituto profesional y poder cumplir con su sueño de ser profesional, pero a veces, por factores sociales, familiares, económicos o académicos, no logran permanecer en la educación superior, desertando no solamente de sus estudios, sino que renunciando a ese sueño de tener un futuro mejor.

En Chile, según cifras del año 2014, el total de estudiantes que están en la educación superior ha llegado a 1.200.000. Todos estos jóvenes quieren titularse y encontrar un trabajo remunerado donde puedan desarrollarse como personas y profesionales, pero hay un grupo de estos estudiantes que por su contexto socio económico tienen mayor dificultad para enfrentar el desafío de la educación superior. Es así como 50% de los estudiantes con menores recursos económicos desertan de la educación terciaria. Es decir, uno de cada dos de estos jóvenes, no logran titularse.

La deserción universitaria hoy se constituye en uno de los principales problemas que enfrenta la educación superior y que imposibilita que se cumpla la promesa de movilidad social a través de la obtención de un título profesional.

Nosotros, en Fundación Portas, apoyamos y creemos, firmemente que la educación genera inclusión y movilidad social. En nuestros casi diez años de existencia hemos trabajado con jóvenes de contextos vulnerados que logran ingresar a la educación superior como Evelyn. Ella sabe que titularse es vencer el círculo de pobreza y como muchos de nuestros jóvenes espera poder viajar y arreglar su casa al recibir su primer sueldo.

Teniendo en cuenta que del total de estudiantes que desertó de la educación superior, el 83% son alumnos de primera generación, la experiencia nos ha demostrado como Fundacion que estos jóvenes que hoy tienen la posibilidad de ingresar a la educación terciaria por gratuidad o beca, no solamente necesitan apoyo académico para tener éxito en sus estudios, sino que también se les debe entregar apoyo personal e instruirlos en habilidades que requieren para desempeñarse en el mercado laboral y la sociedad de hoy. Al complementar estos tres elementos que son el apoyo académico, con el acompañamiento personal y el desarrollo de habilidades blandas, los jóvenes logran su meta y ese sueño tan anhelado que es transformarse en el primer profesional de su familia.

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