Columna de Magdalena Piñera: Un gobierno desconectado de la gente

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En agosto de este año, en este mismo espacio, decíamos que los menores del Sename son nuestros niños invisibles porque, a diferencia de los grupos de presión que marchan y aparecen en la televisión, nadie los ve ni escucha. No se equivocó la Presidenta Bachelet cuando dijo que los cientos de niños muertos bajo dependencia del Sename eran una “tragedia y una vergüenza para nuestra sociedad y el Estado de Chile”. Sin embargo, esas palabras no se tradujeron en medidas eficaces, ya que el presupuesto 2017 asignado para el Sename no resolverá la falta de personal especializado, el hacinamiento ni las malas condiciones de los hogares, simplemente porque los recursos se destinaron a otras prioridades más importantes para el Gobierno.

Otro grave error de diagnóstico del Gobierno fue prometer que la Reforma Tributaria sería para financiar la gratuidad universal en la educación superior. Cuando se dieron cuenta de que los recursos no alcanzaban para todos, establecieron condiciones y requisitos discriminatorias para acceder a la gratuidad que están excluyendo a miles de jóvenes vulnerables. También se equivocaron al prometer la construcción de 20 hospitales nuevos para 2018, desechando el mecanismo de las concesiones a privados. El resultado es que hasta ahora se ha inaugurado sólo un centro de salud.

¿Por qué el Gobierno hace tan malos diagnósticos de las necesidades del país, equivocando las prioridades e ignorando las urgencias sociales? 

Porque, como lo señala el diccionario, diagnosticar significa “recoger y analizar datos para evaluar problemas de diversa naturaleza”, lo que supone observar la realidad sin prejuicios ni anteojeras, y los artífices de las principales reformas del actual Gobierno no ven la realidad del país tal como es, sino como ellos creen, suponen o esperan que sea. 

El error es que enfrentan los problemas y las necesidades del país desde la perspectiva de una creencia, doctrina o ideología que, tal vez, pueden resultar útiles para explicar o interpretar ciertos fenómenos, pero no para comprender la realidad. Y las políticas públicas deben fundarse en datos duros y objetivos, no en opiniones, supuestos o mitos como los que encontramos en las iniciativas emblemáticas del Gobierno como la gratuidad total de la educación superior, la nueva Constitución o la eliminación del copago y la selección en la educación escolar.

Sin duda, el ideologismo y la desconexión con la realidad es la principal causa del fracaso del Ejecutivo. Una desconexión que incluso se manifiesta en las opiniones contrapuestas que la mayoría de los chilenos y el Gobierno tienen sobre Fidel Castro. Mientras solo un 18% cree que fue un “líder por la dignidad y la justicia social”, el 67% de los chilenos lo considera un dictador.  

Hay una frase atribuída a Lenin que describe muy bien el espíritu y el sino de la Nueva Mayoría: “Si la realidad no está de acuerdo con la teoría, tanto peor para la realidad”.

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