Columna de Hugo Tagle: Un regalo para Chile

Columna de Hugo Tagle: Un regalo para Chile

Cerca de un millón de personas peregrinó hasta la Iglesia de Lo Vásquez, en la Quinta Región, para visitar a la Santísima Virgen. Allí se la venera como la Inmaculada Concepción, la fiesta que se celebra así en todo el mundo y que aquí en Chile es especialmente querida.

El Santuario de Lo Vásquez tiene el encanto de ser santuario de paso, une dos grandes regiones, un faro de luz y alegría en medio del trajín de dos provincias. La cifra de peregrinos al Santuario seguro que seguirá creciendo en estos días, por lo que pasará el millón de fieles.

Si se suma a esto las peregrinaciones a otros santuarios marianos, como la Inmaculada del cerro San Cristóbal, o la de Lourdes, nos encontramos que María se encuentra en el corazón de la religiosidad chilena.

Es sobrecogedor escuchar los testimonios de los peregrinos a Lo Vásquez. Pura fe. peregrinan para agradecer por algún favor concedido, para pedir por algún hijo enfermo, por trabajo, por los estudios, por salud. La confianza en la intercesión de la Virgen es enorme y un regalo para Chile entero. Bueno es recordar aquí que los católicos no adoramos a la Virgen. Le tenemos cariño por ser la madre de Jesús. Es camino y seguro de encuentro con Él.

El elemento religioso en un pueblo es clave para su sustento, cohesión y fortaleza. La primera ministra alemana, Angela Merkel, dijo al parlamento de su país, a propósito de la inmigración, que Alemania haría bien en recordar sus raíces cristianas, que debería “leer más la Biblia” y participar más de “servicios religiosos”.

En efecto, un país que no reconoce lugar a Dios en todos los espacios, que no se alegra de la espiritualidad de su pueblo, que no se deja interpelar por ella, está condenado a la división.

Nuestras raíces cristianas, y dentro de ellas la veneración a la Madre de Jesús, son parte consustancial de nuestra identidad. Nos une a los chilenos un idioma común y algunas cosas más. Pero lo más importante es la raíz cristiana, que le ha dado consistencia, identidad y sentido al ser chileno. Si no, ¿dónde está realmente eso “propio”? El resto de los elementos de identidad nacional se desprenden de esta raigambre sobrenatural. Por algo hablamos de “Patria”, de padre común.

Todo huele a Navidad. El comercio, las calles, municipalidades, la gente, usted mismo, nos estamos preparando para la celebración del nacimiento de Jesús ¡No hay Navidad sin Jesús! Él es el centro, sentido y objetivo de esta gran fiesta. Los regalos, los saludos, el árbol, el pesebre, tienen sentido en la medida en que lo coloquemos a Él en el centro. Y así ganamos más.

Estas semanas de Adviento son un tiempo para prepararse exterior e interiormente para su venida. Recuerde hacer una obra de caridad. Quien regala, quien comparte, quien es generoso, es más feliz. Tiene razón la primera ministra Merkel. Hay que acercarse más a Dios. Tendríamos menos problemas. Los solucionaríamos mejor. Seríamos más felices.

Pues bien, a vivir mejor este tiempo de Adviento. Terminará mejor el año y comenzará aún mejor el próximo.

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