Columna de Raúl Sohr: Trump y el calentamiento global

Columna de Raúl Sohr: Trump y el calentamiento global

Donald Trump proclamó, a lo largo de su campaña presidencial,  que la idea de que el  cambio climático es causado por actividades humanas es un engaño. Culpó a China de ser la propagadora de la falacia para hacer menos competitivas a las industrias estadounidenses.

Consecuente con ello amenazó con retirar al país de los acuerdos de París,  firmados en 2015 tras años de laboriosas negociaciones. En ellos los países del mundo, con Washington y Beijing a la cabeza, fijaron metas voluntarias para la reducción de sus emisiones de CO2, el principal gas causante del calentamiento global.

También el Plan de Energía Limpia del presidente Barack Obama estuvo en la mira de Trump, que lo calificó como “una guerra contra el carbón”. Al respecto advirtió que anularía una serie de regulaciones que encarecían al más contaminante de los combustibles fósiles. Una vez electo, sin embargo, suavizó su postura y admitió que había alguna evidencia, como lo señalan legiones de científicos estadounidenses, que las actividades humanas inciden en el aumento de las temperaturas.

Ahora se despejan las dudas sobre las intenciones del mandatario electo que viene de nombrar a Scott Pruitt, un adalid de la industria carbonífera,  a cargo de la Agencia de Protección Ambiental (EPA por sus siglas en ingles). Pruitt fue un tenaz opositor a la agencia que le corresponderá encabezar a la cual acusó de exceder sus límites. Incluso, en su cargo de ministro de Justicia de Oklahoma, se confabuló con empresas energéticas para realizar campañas a su favor, según da cuenta una investigación del periódico The New York Times. Muchos temen que la EPA será debilitada o incluso desmontada como lo ha insinuado el propio Trump.

En la vena contraria la empresa Google anunció que el próximo año todo su consumo eléctrico provendrá de fuentes renovables: sol y viento. Google señaló, vale la pena tomar nota, que hay países como Chile en que las energías renovables son más económicas que los combustibles fósiles. La empresa consume unos mil megavatios lo que equivale a la producción de dos centrales como la de Pangue, en el Biobío. O si prefiere, para alimentar a una ciudad de más de 300 mil personas. Esto le permite declarar a Google que hoy es la mayor compradora empresarial de energía renovable en el mundo.

La desventaja de esta energía es que no es estable, el viento no sopla siempre ni el sol brilla de noche, por lo que requiere de respaldos como la hidroeléctrica. Pero a cambio, sus precios sí son estables y van a la baja a diferencia de las bruscas variaciones de los combustibles fósiles.

El precio de la electricidad es un factor clave en la planificación económica de las empresas. Otras grandes compañías del área de las nuevas tecnologías como Amazon y  Facebook están empeñadas en pasar a un ciento por ciento del abastecimiento eléctrico con energías renovables.

Las grandes batallas por el futuro energético se libran en el mercado. Los precios son determinantes en las opciones de los combustibles. Y también lo son las actitudes de los consumidores que favorecen a quienes protegen al medio ambiente. Trump enfrentará una fuerte resistencia si da rienda suelta a los causantes energéticos del calentamiento global.

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