Columna de Joel Poblete: "Rogue One: Una historia de Star Wars", un nuevo y logrado eslabón

Considerando los entusiastas elogios que esta nueva película de “Star Wars” ya ha generado entre gran parte de la crítica internacional, es bueno aclarar que lo más probable es que, como ya es casi tradición tratándose de estas películas, el grado de alabanzas de quien la comente será proporcional a su interés personal en la saga interestelar iniciada hace ya casi cuatro décadas.

Tras los buenos resultados que el año pasado obtuvo el tan publicitado “Episodio VII: El despertar de la fuerza”, tanto en taquilla como en recepción de los críticos, conexión nostálgica con los fans originales y en el intento de revitalizar la saga atrayendo a nuevos públicos, no eran pocos los desafíos que debía enfrentar esta producción, considerando que era la primera de la serie de tres filmes proyectados como “Antología”, una suerte de “spin-off” de los 9 episodios de la saga oficial, que incluyen acontecimientos y personajes conectados con estos, pero igual funcionan como títulos individuales.

En este caso, la acción se ubica entre el episodio III y el IV (la “Star Wars” original que acá conocimos como “La guerra de las galaxias”), y se centra en el arriesgado intento de un grupo de rebeldes que debe robar los planos de la Estrella de la Muerte. El director británico Gareth Edwards, que ya en 2010 dio que hablar con su ópera prima, “Monsters”, y confirmó la buena impresión con su “Godzilla” de 2014, cumple con las expectativas y consigue indudablemente una de las mejores películas en la historia de esta saga.

Quizá se alarga más de la cuenta, tiene menos humor que en otras entregas y sus personajes no son tan carismáticos e inolvidables como en las anteriores, pero de todos modos “Rogue One” convence y funciona. Porque está filmada con talento, cuenta con un sólido y heterogéneo reparto, unos cuantos guiños cinéfilos, buen manejo de las secuencias más espectaculares sin abusar del exceso de efectos digitales, y un muy bien desarrollado sentido épico y emotivo de lo heroico.

“El amor se hace”
Adaptando una película australiana, este tercer largometraje que dirige el actor español Paco León consiguió un gran éxito de taquilla en su país, y está nominado a cuatro premios Goya. Y a pesar de algunos localismos, el encanto de esta producción debería traspasar cualquier frontera. Con un ritmo fluido y un tono ligero, León consigue contar en paralelo cinco historias distintas que abordan filias sexuales. Pese a rozar en más de un momento la delgada línea que separa el doble sentido de lo vulgar, “El amor se hace” siempre mantiene su capacidad de hacer reír de buena gana (algunos momentos son en verdad hilarantes) con inteligencia y gracias a un talentoso elenco de actores (incluyendo al propio Paco León), y lo que pudo ser demasiado caricaturesco o derechamente chabacano se convierte en una de las buenas sorpresas de este año en la cartelera, muy por sobre el promedio de comedias que se estrenan por estos lados y capaz de contagiar una energía positiva ideal para el estrés que abruma a muchos en esta época del año.

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