Obama: “Rusia es un país más pequeño, débil, su economía no produce nada...”

Las relaciones entre Estados Unidos y Rusia están en su punto más frío en los últimos 25 años, proceso que viene desde el 2014. El presidente de EEUU ha prometido “acciones” contra un país que aumenta su influencia geopolítica.

Por felipe herrera aguirre

Las últimas amenazas del presidente de Estados Unidos a Rusia, en respuesta a la intervención de los eurasiáticos en las elecciones de noviembre pasado, pueden componer el último capítulo en la relación entre ambos países durante la administración Obama. La CIA y los departamentos de seguridad nacional han asegurado ver la mano de Vladimir Putin en los robos y posterior publicación de correos electrónicos del Partido Demócrata, y aseguran fueron hechos para favorecer la candidatura del republicano Donald Trump. La relación entre las dos potencias mundiales están en su punto más frío desde la desaparición de la Unión Soviética, en 1991.

Mediante el llamado “phishing”, una técnica simple en ciberataques en la que al pinchar un enlace enviado por mail se instala un programa espía que permite controlar el computador receptor, dos agencias cibercriminales rusas entraron en los computadores del Partido Demócrata y del Republicano, pero fueron los archivos demócratas los que se filtraron a través de WikiLeaks. Estos ciberataques sólo podrían haber sido efectuados con la aprobación de los “más altos funcionarios” rusos, dijo Josh Ernest, portavoz de la Casa Blanca. Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, calificó estas acusaciones de “indecentes”.

La situación ha colmado la paciencia del presidente Barack Obama, quien en rueda de prensa este viernes dijo que “los rusos no pueden cambiarnos o debilitarnos significativamente. Son un país pequeño, débil, su economía no produce nada que alguien pueda comprar excepto petróleo, gas y armas”. Una retórica que hace recordar los peores momentos de la Guerra Fría.

Donald Trump, el principal beneficiado del actuar ruso, ha calificado de “sin sentido” las afirmaciones tanto de las principales agencias de inteligencia y de espionaje como del mismo gobierno estadounidense.

“Si Rusia, u otra entidad, estaba pirateando, ¿por qué la Casa Blanca tardó tanto para actuar? ¿Por qué sólo se han quejado después de que Hillary perdiese?”, preguntó Trump. Pero ya el 7 de octubre, un mes antes de las elecciones, la Dirección Nacional de Inteligencia publicó un comunicado en conjunto con el Departamento de Seguridad Interior en el que acusan a Rusia como responsable de los ataques.

“Creo que no hay ninguna duda de que, cuando cualquier gobierno extranjero pretende influir en la integridad de nuestras elecciones, tenemos que tomar acciones. Y lo haremos en el lugar y en el momento que elijamos. Algunas de ellas quizás sean explícitas y públicas, y puede que otras no”, dijo Obama en una entrevista publicada este viernes por la National Public Radio (NPR).

Y aunque no hay pruebas explícitas de que Vladimir Putin esté detrás de los ciberataques, Rusia sí tiene las capacidades técnicas para cometerlos. Herederos de la maquinaria de espionaje de la Unión Soviética, la más sofisticada del mundo en ese entonces, ya ha atentado informáticamente contra países como Estonia, Georgia y Ucrania. Con todos ha tenido conflictos durante los últimos 25 años.

 

De las trizas a las fracturas

Las relaciones entre Washington y Moscú se vienen trizando desde que Rusia se ha vuelto a convertir en un actor influyente en la política mundial. La invasión rusa a Georgia en el 2008, cuando el país caucásico planeaba acercarse a la Unión Europea, marcaron la tendencia al enfriamento. Esto se confirmó en el 2014, cuando Putin, comandante en jefe del ejército ruso, decidió intervenir en el territorio ucraniano de Crimea. La anexión de la península, más el envío de tropas a las regiones de Donestk y Luhansk, al este de Ucrania, provocaron duras sanciones de parte de la Unión Europea y de Estados Unidos, afectando tanto a la economía como a industria energética rusa.

Las trizaduras se hicieron evidentes cuando ambos países tomaron posturas opuestas en el desarrollo de la guerra en Siria: mientras el ejército de Estados Unidos apoya a los rebeldes contra el régimen de Bashar al-Asad, Rusia defiende al presidente sirio y le ayuda a bombardear “terroristas”, definición en la que se incluyen a las fuerzas rebeldes. Todo terminó por fracturarse irreparablemente cuando Rusia anunció de octubre de este año que abandonaba el tratado de reconversión del plutonio militar a combustible de uso pacífico, que evitaba el rearme ruso a gran escala. A esas alturas, Putin ya había cortado relaciones con Barack Obama, considerando que ya no tenía nada de qué hablar con él por su pronta salida de la Casa Blanca.

Este quiebre influyó en la situación en Siria, donde la influencia de ambos países es tal, que el desarrollo de la situación y las soluciones a la crisis humanitaria que se vive en el país árabe, específicamente en la ciudad de Alepo, han dependido de los encuentros y desencuentros entre ambos países. “El mundo está unido en el horror ante el salvaje asalto del régimen sirio y sus aliados rusos e iraníes en la ciudad de Alepo”, dijo Obama en la rueda de prensa realizada en la Casa Blanca el viernes pasado. El mismo día, en una entrevista publicada por la cadena de noticias estatal Rusia Today, Bashar al-Asad acusaba a Estados Unidos de apoyar al terrorismo en su país.

Ya con Siria definitivamente convertida en la “Corea del siglo XXI”, en referencia a la guerra librada durante los años 50, Obama tiene un mes para poner en práctica su anuncio de actuar en contra de Rusia. Las sanciones aplicadas parecen no tener efectos para la ex potencia soviética, que crece en influencia militar y geopolítica alrededor del mundo.

Y desde el 20 de enero, Putin verá realizada su jugada maestra: tratará con Donald Trump y con su secretario de Estado, Rex Tillerson, el “amigo de Rusia”.

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