Columna de Ernesto Silva: Inmigración responsable

Columna de Ernesto Silva: Inmigración responsable

La inmigración es un tema que se instaló en la discusión pública y que requiere un debate serio. No es un tema para tratarlo a la rápida ni menos hacer de él un botín electoral en un año en que se viene complejo y con elecciones presidenciales de por medio. Ha cambiado tanto la realidad de la migración en nuestro país que lo responsable es “poner la pelota en el piso” y estudiar en profundidad los enormes desafíos que implica tomar decisiones en estos temas.

Un punto de la discusión se centró en que la delincuencia aumentaría producto de las personas extranjeras que llegan a Chile. La verdad es que las cifras están lejos de respaldar esa teoría. La vinculación más cercana entre inmigración y delito se da en temas muy concretos como clonación de tarjetas bancarias, préstamos informales con altas tasas de interés y mecanismos violentos de cobro, entre otros.

Hasta noviembre de 2015, según el jefe del Departamento de Extranjería, en Chile había cerca de 477 mil inmigrantes residentes, lo que representa sólo el 2,7% de la población total de nuestro país.

Y de acuerdo al segundo boletín estadístico de la Mesa Interinstitucional de Acceso a la Justicia de Migrantes y Extranjeros, el año pasado (2015) sólo el 1,1% (5.415 personas) pasaron por el sistema judicial chileno al ser aprehendidos por alguna policía del país. Es decir, los migrantes no son responsables directos o prioritarios en el aumento de la delincuencia.

Yo valoro que lleguen migrantes a nuestro país. Es una oportunidad increíble para enriquecernos y profundizar lazos culturales con nuestros vecinos y con personas que vienen aún de más lejos. Por lo mismo, debemos lograr que estos inmigrantes, que han dejado sus hogares confiando en que Chile es un buen lugar para comenzar una nueva vida, se sientan incluidos y partícipes de la sociedad que han venido a enriquecer y no discriminados.

Por lo mismo, estoy a favor de una inmigración responsable, es decir, dar facilidades a aquellos que vengan a ser un aporte a nuestro país, con ganas de surgir, de trabajar, que paguen sus impuestos, siempre y cuando cumplan ciertos requisitos como cualquier ciudadano chileno.

Por otro lado, hay que poner mano dura a las personas que vienen a delinquir y entorpecer el funcionamiento y progreso de Chile.
La ley que tenemos sobre inmigración data del año 1975, y desde esa fecha, la realidad migratoria ha cambiado muchísimo. Por eso, es prudente revisarla y actualizarla para prepararla para los nuevos desafíos.

Es necesario enfatizar en políticas de integración, ser más estrictos en los controles fronterizos para evitar la llegada de ciertas personas con prontuario delictivo, mayores sanciones para empleadores que abusen de migrantes o paguen remuneraciones bajo el salario mínimo, entre otros.

La experiencia de las sociedades modernas, sin excepción, es que la diversidad es una fuente insustituible de progreso social, de riqueza cultural y de desarrollo. Tenemos un gran desafío de trabajar en serio para lograr una política migratoria de futuro, seria e integradora.

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