Libro revela cómo fueron filtradas miles de fotos que evidencian la maquinaria de tortura del régimen sirio

En "Operación César", la periodista francesa Garance Le Caisne explica también cómo el régimen de los Asad ha usado la tortura y la represión como método sistemático para mantener el poder en Siria desde la década de los 70.

Por felipe herrera aguirre

Por varios años, un fotógrafo de la Policía Militar siria tomó fotografías de militares del ejército sirio muertos en accidentes, hasta que esos cadáveres empezaron a pertenecer a torturados por el régimen de Bachar al-Asad. Ahí, atormentado por las expresiones y las brutalidades registradas en la carne, decidió duplicar las fotografías y hacer la mayor filtración sobre crímenes de lesa humanidad en la historia.

Su historia la cuenta la periodista francesa Garance Le Caisne en el libro “Operación César” (Ediciones B). A principios del 2014, Le Caisne decidió, con el incentivo de su editor, ir en busca de César para poder contar. En ese momento César, nombre en clave del fotógrafo militar autor de la filtración, era el hombre de moda en los medios de comunicación occidentales y el más buscado por la policía política de Siria: las fotografías filtradas eran la prueba de la maquinaria del terror del régimen de Bashar al-Asad, rebajada a un segundo plano por el avance del Estado Islámico.

“Los terroristas de la organización Estado Islámico exhiben su barbarie en las redes sociales, pero el Estado sirio oculta la suya en el silencio de sus calabozos. Ningún testimonio del interior había aportado hasta ese momento pruebas fidedignas de la máquina de la muerte siria. César sí lo hizo”, escribe la periodista. Cuenta también cómo estos miles de documentos fueron revelados en una presentación a once ministros de Exteriores, entre ellos John Kerry, secretario de Estado de Estados Unidos, la tarde del 12 de enero de 2014 en Francia.

El libro también recoge testimonios de sirios que pasaron por esta verdadera “telaraña” de prisiones destinadas a torturar y matar. Perfeccionada desde después de la Primavera Árabe del 2011, cuando al represión brutal de la Policía Militar de Asad a las manifestaciones populares provocaron una guerra que dura hasta hoy, los centros de detención y tortura abundaban en ciudades como Homs y Alepo antes de ser brutalmente bombardeadas por el régimen sirio en 2012 y 2016, respectivamente.

Entre estos centros, destaca la sección 227 de la capital Damasco. Apodada “la sección de la muerte”, la 227 “se ubica en un edificio situado en el centro de la capital, a unos cientos de metros del hotel Sheraton, frecuentado por los turistas y los hombres de negocios”. Otro de los centros de tortura emblemáticos es el hospital militar de Mezé, donde César tenía que fotografiar los cadáveres que llegaban en camionetas y quedaban amontonados en el garage del recinto.

La particularidad del hospital de Mezé, además de ser uno de los más grandes de la ciudad, es que queda a los pies del monte Mezé. “En su cima, a solo 400 metros, la fortaleza de Bashar al-Asad, rodeada de árboles. El palacio presidencial, cuyo nombre oficial es Palacio del Pueblo, domina la ciudad”.

En un pendrive​
César no estuvo solo en su misión. Su amigo Sami le ofreció ayuda para recibir y guardar las fotografías para después publicarlas al mundo. Pero para hacérselas llegar a Sami, César tuvo que pasar diaramente cientos de fotografías en un pendrive escondido en su cinturón o en sus calcetines y burlar los controles de la Policía Militar del régimen.

“Varias veces a la semana le llevaba fotos a Sami. Cuando estaba solo en mi oficina hacia una copia de ellas y las metía en un pendrive que él me había dado. Siempre tenía miedo de que me pillaran. Cuando me marchaba, escondía el pendrive en mi talón o en el cinturón. De camino a casa, tenía que pasar por cuatro o cinco controles. Estaba aterrorizado”, cuenta César en el libro.

Las fotografías fueron expuestas en la sede de la ONU en Nueva York en el 2015.

Una dinastía basada en la represión
Bashar al-Asad, presidente de Siria desde el 2001, heredó el poder de su padre, Hafez al-Asad. Este ex jefe de las Fuerzas Aéreas se tomó el poder en un golpe de Estado en 1971, y desde entonces reprimió al pueblo sirio para mantenerlo sumiso a su poder. En la década de los 80, asesinó a miles de miembros de los Hermanos Musulmanes suníes que habían intentado hacer un golpe de Estado, en lo que se conoce como la Masacre de Hama.

“Hafez al-Asad, el padre de Bashar, mató a millares de Hermanos Musulmanes en la década de 1980 afirmando que eran terroristas. Su hijo pone en práctica la misma falsa identificación entre manifestantes, Hermanos Musulmanes y terroristas”, dice César a la periodista Garance Le Caisne.

Desde esa época, el régimen de los Asad ha sido protegido primero por la Unión Soviética, y actualmente por la Rusia de Vladimir Putin. A los rusos les interesa mantener a un aliado firme en la región, para poder contrarrestar la influencia de Estados Unidos tanto en el gobierno del principado Saudí como en Irak, Pakistán e Israel.

El Holocausto de nuestra época
Tal es la brutalidad de los testimonios y de los registros fotográficos entregados por César, y tal es la sofisticación del funcionamiento de la red de centros de detención presente en toda la Siria de Bashar al-Asad, que recuerdan a lo narrado po Aleksandr Solzhenitsyn en sus libros “Archipiélago Gulag”, sobre los campos de concentración de la Unión Soviética. Pero también a lo sucedido en Auschwitz, en Dachau, en Sachsenhausen y en tantos otros campos de concentración de la Alemania Nazi.

Y con instituciones creadas para que las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial no volvieran a ocurrir, en las mazmorras y en los calabozos de Damasco y de Palmira, en los hospitales militares de Mezé y de Tishrín, los torturados descritos en “Operación César” siguen gritando, siguen pidiendo ayuda mientras son torturados por médicos y enfermeros. Y nadie los está escuchando.

Según la agencia de noticias AFP, al menos 60.000 personas han muerto en las cárceles y en los centros de detención de Siria desde el comienzo de la guerra, en el 2011.

Como lo calificó la ONG internacional Human Right Watch en el 2013, lo que hay en Siria es un “archipiélago de centros de tortura” bajo el amparo del presidente sirio Bashar al-Asad. “Todos estos informes se tendrán en cuenta y aportarán pruebas contra Bashar al-Asad. ¿Cuándo y cómo? No lo sé”, dice César.

Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, hasta hoy más de 400.000 personas han perdido la vida en cinco años de una guerra que ha escalado a niveles internacionales. Además, 4 millones de sirios han huído del país. Si bien la mayoría lo ha hecho a países vecinos como Turquía o Libia, 1 millón ha arriesgado su vida y se ha lanzado al mar Mediterráneo con Europa, con la Unión Europea como destino. Y muchos de ellos han muerto ahogados.

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