Puntajes nacionales cuentan la fórmula para llegar a los 850 puntos

Por Sandra Quevedo

Leonardo Fica, Valentina Norambuena  y Catalina Pulgar son tres estudiantes que recibieron el llamado de parte del Demre el pasado viernes para contarles que se convirtieron en el grupo de estudiantes que obtuvieron puntajes nacionales.

Los tres jóvenes comentan la receta que los llevó a ser los mejores en el examen que permite ingresar a la educación superior y dan su opinión sobre la Prueba de Selección Universitaria (PSU) y del movimiento estudiantil.

850 X 2

Leonardo Fica y Valentina Norambuena comparten la alegría de ser dobles puntajes nacionales en ciencias y matemática, además de pertenecer a dos colegios emblemáticos como el Instituto Nacional y el Liceo 1 Javiera Carrera, respectivamente.

“Fue súper asombroso cuando me llamaron, me dijeron:  fuiste puntaje nacional, espera fuiste doble puntaje nacional. Ahí me puse a reir y a gritar de la alegría e impresión”, cuenta Valentina.

La joven que vive junto a sus padres y sus tres hermanos de 21, 13 y 5 años, cuenta que el mayor de ellos que estudia Ingeniería Civil en la Universidad de Chile es una inspiración de la carrera y la universidad  que quiere seguir el próximo año, y si bien está contenta de haber obtenido 850 puntos en la PSU de ciencias y matemática, afirma que se debe a un trabajo que comenzó en 8° básico y se muestra crítica con el instrumento de selección.

“Llevo preparándome desde hace mucho tiempo, desde 8°comencé a estudiar más a conciencia en 8° básico tomé más conciencia y si bien no era algo específico para la PSU, logré no tener vacíos en las materias, por eso me puse a hacer full ensayos y lo logré por lo que estoy contenta, aunque creo que todo instrumento es perfectible, la idea es que también hayan otras herramientas para el ingreso a la universidad, como actividades extracurriculares, talleres y proyectos para incentivar un curriculum integral como en otros países”, agrega la joven de Santiago centro.

El severo juicio del método de selección,  es similar al que tiene el Institutano Leonardo Fica, quien cuestiona los contenidos preguntados y propone preguntas diferenciadas por las futuras carreras.

“No estoy de acuerdo con la PSU porque muestra el desnivel entre colegios particulares y municipales, pero más allá de eso, los contenidos no me gustaron porque yo quiero entrar a medicina y no había ninguna pregunta relacionada con el cuerpo humano, lo que no me parece, debería haber una subdivisión por áreas académicas”, comenta.  

Leonardo aún se muestra incrédulo del resultado obtenido, de hecho cuenta que hasta su peluquero lo llamó para felicitarlo y una semana antes de la PSU le dijo que confiaba en él como la mayoría de su círculo cercano.

El futuro estudiante de Medicina de la Universidad de Chile se preparó con preuniversitario en 3° y 4° medio, años en los que se enfocó en sus estudios e intentó desviarse de las constantes movilizaciones estudiantiles que se desarrollaron en su colegio, ya que cuenta que según su apreciación, al principio era un buen método de presión, pero con los años se desvió.

Motivación desde los profesores

La fórmula de constancia en el colegio y el preuniversitario también la siguió la ex alumna de la Academia de Humanidades de Recoleta, Catalina Pulgar, quien aclara que su relación con los profesores jugó un rol preponderante en la finalización de esta etapa.

“Desde que soy chica como en 6° básico le pongo atención a los profes de matemática, porque me gustan los números, y siento que esto es mérito mío y en gran parte de mis profes que siempre me motivaban tanto en el colegio como en el preu”

La alumna de 17 años piensa ingresar a Ingeniería Civil Industrial en la Universidad Católica, y sostiene que el llegar a este lugar es un logro que quiso dar como alegría a uno de sus profesores.

 

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