Columna de Nicolás Copano: “Westworld”, la serie imperdible

Por nicolás copano

Estamos viviendo la era dorada de la TV, lo cual es distinto a decir que es la era dorada de la industria de la televisión. La industria es la que está en crisis. La TV, como aparato, vive más que nunca. Ahora vuelto un receptor de aplicaciones, una realidad post-canales donde las suscripciones sin comerciales son valoradas.

Ahí se instalan HBO (que siempre fue pagado con cargo extra en los Estados Unidos), Amazon Prime Video (que llegó a Chile el mes pasado), Netflix y HBO, que tiene dos salidas para ver cuando quieras: HBO OD y HBO GO.

HBO siempre ha innovado en series desde “Oz” hasta “Game Of Thrones”. Ya estamos acostumbrados a ver cada año en los Emmy sus propuestas y sus personajes ya son parte de la cultura pop.

Ya eso debería asegurarnos que “Westworld” es una obra de arte televisiva. Pero no: “Westworld” es mucho más.

“Westworld” está basada en un filme de los 70, escrito por Michael Crichton. Crichton es nada más y nada menos que el escritor de “Jurassic Park”, el clásico best seller de los noventa conducido por Steven Spielberg al celuloide. Tal como en el parque de los dinosaurios, acá también nos encontramos con una atracción: un juego para millonarios, donde situados en un mundo del salvaje oeste pueden hacer lo que quieran: desde matar a destajo hasta participar de orgías.

La primera conexión que podemos hacer mirando “Westworld” es a los videojuegos: posee la moral de la saga de “GTA” o “Red Dead Redeption” (de los mismos creadores, Rockstar Games), donde según lo que hacemos en las historias, va cambiando nuestra aventura.

Pero tiene un segundo nivel: el backstage de la corporación.

En la corporación, Anthony Hopkins (“El silencio de los inocentes”)  interpreta al doctor Robert Ford. Ford es el creador y guionista supremo de “Westworld”: crea las narrativas y las historias que disfrutan los visitantes. Pero esconde una serie de tramas oscuras que develan el espíritu humano, a la vez que nos explican cómo las máquinas viven sus propias consciencias programadas.
 
“Cada héroe tiene un código”, es el tagline. Y sí: acá te confundes entre la moral de los robots y los humanos, que siempre parecen ser menos humanos. Y te debates sobre la muerte, la inteligencia artificial, el amor y el comportamiento de las personas.

Dialogos como: “No valoramos que la humanidad haya avanzado tanto, por una sencilla razón. Porque el vanidoso pavo real apenas vuela, vive en el suelo cazando insectos e intentando consolarse con su gran belleza. Todo eso me ha llevado a considerar que la consciencia es una carga, una rémora, y les hemos ahorrado eso. La ansiedad, la auto-aversión, la culpa. Los anfitriones son libres, libres aquí, bajo mi control”. O éste: “Leí una teoría. El intelecto es como las plumas de un pavo real. Un extravagante despliegue, para atraer a una pareja. Parece una literatura un poco de Mozart, William Shakespeare, Miguel Ángel y el Empire State Building, forman parte de un ritual de apareamiento”. Quedan ahí, para pensar y disfrutar.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

 

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