A 80 años del Hindenburg: cuando estalló el mayor símbolo y orgullo de los nazis

Fue uno de los mayores desastres de la aeronáutica y también uno de los primeros que ocurrió frente a las cámaras y que fue transmitido en vivo por la radio.

Por Alejandro Osorio

Faltaban dos años para que la Alemania nazi se lanzara a la conquista de toda Europa y desatara la Segunda Guerra Mundial. Era el 6 de mayo de 1937 y el gobierno de Adolfo Hitler presumía ante el mundo de haber sacado al país de la profunda crisis pos Primera Guerra Mundial y planteaba que su régimen nazi era un modelo a copiar.

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En una agresiva política propagandística de Berlín para expandir la ideología del nacional socialismo, el régimen así gala de una de los mayores avances de la tecnología en ese momento: los zepelines. Y entre estas gigantescas aeronaves había una que brillaba por sobre el resto: el Hindenburg. Junto a su “hermano”, el Graf Zeppelin II, eran las naves más grandes construidas en la historia de la aeronáutica.

Esta dos naves eran la joya de Hitler, pues representaban todo lo que él quería transmitirle al mundo de su régimen: modernidad, superioridad y grandilocuencia. Para que se hagan una idea, el Hindenburg era más largo que tres Boeing 747 puestos en línea.

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Pero en un hecho que podría leerse como una advertencia de los que pasaría un par de años después con el Tercer Reich, el Hindenburg terminó hecho cenizas.

En su segunda temporada de viajes transatlánticos y después de una travesía sin contratiempos, la gigantesca aeronave apareció sobre los cielos de Nueva Jersey, Estados Unidos. Transportaba 36 pasajeros (tenia una capacidad para 70) y 61 tripulantes. Por fuertes vientos que soportó durante el viaje, el zepelín venía con algunas horas de atraso.

Las dimensiones de la gigantesca nave despertaban mucha curiosidad, y en el lugar del aterrizaba había una gran cantidad de prensa, cámaras y también una radio local transmitía en vivo el arribo del aparato gris con el signo nazi en su parte posterior.

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Tormenta eléctrica

La tripulación del zepelín fue informada de una tormenta eléctrica en Nueva Jersey, y el capitán Max Pruss optó dar vueltas a baja altitud sobre la isla de Manhattan, generando gran expectación entre la gente. Después de recibir el aviso del fin de la tormenta, la nave enfiló rumbo a la Estación de Aire Naval Lakehurst, en Manchester Township, New Jersey.

A las 19.25, el Hindenburg lanzó sus amarras para asegurarse a la tierra y casi de inmediato se apreciaron chispas en la parte superior de la popa.

En segundos, esas chispas ya eran enormes llamas que envolvieron y devoraron a la gigantesca aeronave. En tan solo 37 segundos, el orgullo nazi estalló y se consumió por completo.

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El desastre dejó 36 muertos (13 pasajeros, 22 tripulantes y un asistente de tierra), y de inmediato Hitler ordenó la cancelación de los vuelos de los zepelines, cerrando toda una era en la aeronáutica de principios del siglo XX.

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