6% de la población mundial tiene nomofobia

Se calcula que 6 de cada 100 personas en el mundo no puede vivir sin su celular. Conversamos con un psicólogo y un experto en tecnología, para ver que tan presente está este fenómeno en nuestro país.

Por Consuelo Rehbein

Basta con subirse al transporte público, mirar adentro de un restaurant o pub, ir a un recital, o simplemente observar alrededor, para ver lo mucho que dependemos los chilenos de los smartphones. Pero más allá de su uso normal, 6 de cada 100 personas en el mundo sufren al no tenerlo a la mano.

Así lo determinó un estudio realizado por la Universidad de Hong Kong denominado 'Cyberpshycology, Behavior, and Social Networking'. Donde además se señala que esta dependencia enfermiza a los terminales e Internet, genera ansiedad y una desesperada necesidad de conectarse a cualquier hora y en cualquier lugar. La cantidad de adictos en el mundo triplicaría la población de Rusia.

Realidad en Chile

Varios factores de conectividad de nuestro país nos transforman en un lugar propicio a generar nomofobia. Según nos explica Jonathan Valenzuela, editor general del portal de tecnología Ohzom, Chile tiene la mejor conectividad de Latinoamérica, lo que ha generado que nos acostumbremos a estar conectados y tener señal en casi todo el territorio nacional.

Esto ha llevado a una pérdida de las conexiones reales entre la gente. Se habla de que esta conectividad fomenta la comunicación entre las personas, pero a la vez está separando a la sociedad. Además, según el psicólogo Alfonso Cox, "la hiperconexión nos roba tiempo y acelera nuestro ritmo para tomar decisiones porque existe una presión social por responder inmediatamente a todo", trayendo consigo una serie de consecuencias sociales y de salud.

 

Los efectos de una sociedad tecnoadicta

El término nomofobia,  surgió de la combinación de “no”, “vil” “y “phobia”. Es una extraña enfermedad debido al excesivo uso del smartphone y a la hiperconectividad a la que estamos expuestos día a día.

Para Jonathan Valenzuela, esto puede ser explicado con un simple ejemplo "es cosa de ver cuántas personas son capaces de regresar a su casa a buscar el teléfono, si es que se les olvida". Para el  experto en tecnología, el smartphone hoy ha llegado a transformarse en "un nodo que nos mantiene permanentemente conectados a la web".

Esta tecnoadicción, podría llevarnos a otras complicaciones como:

  • Síndrome del Túnel Carpiano: la padecen los adictos al chat cuando se entumece o debilita el nervio que va desde el antebrazo hasta la mano por presión excesiva.
  • Daños en la audición: por volumen excesivo con audífonos.
  • Problemas psicológicos: depresión, aislamiento social, ansiedad, pérdida del placer de las actividades diarias.
  • Sobrepeso y obesidad: por el sedentarismo.
  • Enfermedades oculares: por el exceso de tiempo frente a la pantalla.

“Debido a la cotidianeidad con la que interactuamos con distintos aparatos tecnológicos, hemos provocado que la nomofobia se convierta en una epidemia silenciosa que acecha provocando síntomas tales como, sentir que tu celular suena o vibra sin que esto esté sucediendo en realidad. Las consecuencias de esta dependencia en la salud de las personas son fundamentalmente ansiedad, hipervigilancia y conductas obsesivas -como revisar constantemente la actualización de información en las redes sociales-; saturación y estrés por hiperinformación”, explica el psicólogo Alfonso Cox.

"La nomofobia genera ansiedad y puede impulsar conductas obsesivas", señaló el psicólogo Alfonso Cox.

La conexión real cara a cara entre las personas es un comportamiento trascendental, de hecho, está demostrado que las interacciones entre los miembros de una sociedad estimulan una mejor salud mental “al compartir con otros nuestras preocupaciones y dolores, así como la alegría y satisfacción por los logros de la vida cotidiana”, profundiza Cox. “La vivencia de compartir con otros en forma directa es irremplazable; sólo de esta forma conocemos en profundidad a los demás, conocemos las sutilezas de la expresión de sus ideas y emociones”, concluye el especialista.

El equilibrio justo entre las conexiones reales y las redes sociales

El tener acceso a Facebook, Instagram o WhatsApp ya es intergeneracional y transversal en nuestra sociedad, especialmente para los nativos digitales quienes ven como cotidiano el hecho de estar permanentemente conectados. “La pregunta que debemos hacernos es cómo esta realidad ha cambiado la forma en la que nos relacionamos. Hemos ido perdiendo el pudor y los límites entre lo público y lo privado”, explica el psicólogo Alfonso Cox, agregando que así como hemos perdido límites, hemos perdido el interés por lo real.

El editor general de Ohzom, Jonathan Valenzuela, concuerda. "Facebook es un claro ejemplo de aquello. Las personas a veces están más preocupadas de la apariencia de su 'yo de Internet', como una suerte de avatar, más que de sí mismos".

"Es tanta la necesidad de andas con el smartphone que las personas son capaces de regresar a su casa a buscar el teléfono, si es que se les olvida", señaló Jonathan Valenzuela de Ohzom.

El smartphone es lo que nos mantiene conectados 24/7

Chile es el país latinoamericano líder en el uso de smarthphones con 7,9 millones de usuarios de acuerdo al estudio realizado por eMarketer y que proyecta que en el 2018 se llegaría a los 9,3 millones de usuarios. Es decir, que el 52,0 % de la población va a tener y usar un celular inteligente.

Si bien no existen cifras exactas para determinar qué porcentaje de la población chilena tiene nomofobia, para ambos expertos el aumento de estas cifras facilitarían el crecimiento de este fenómeno. Algunos consejos para mantener un equilibrio entre las conexiones reales y las redes sociales son:

  • Revisar los email sólo 2 o 3 veces al día, a horas fijas.
  • Cuando sea posible, llamar por teléfono en vez de enviar un mensaje escrito.
  • Desconectarse a una hora definida para disfrutar de las relaciones familiares (función No Molestar).
  • No portar el celular permanentemente, sino que dejarlo en un lugar fijo de la casa para evitar revisarlo todo el tiempo.
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