Síndrome de Peter Pan: ¿tendencia que se masifica en Chile?

Expertos señalan que las nuevas generaciones cada vez se demoran más en dejar la casa de los padres, provocando ahora un nuevo fenómeno: “el nido lleno”

Por Sandra Quevedo

A mediados de mayo de este año, un tribunal de la comunidad de Cantabria, en España, desestimó la demanda de una joven de 23 años, en la que exigía que sus padres le pagaran una pensión de alimentos de US$330 mensuales, algo así como un poco más de $220.000.

La joven quería seguir siendo mantenida por sus progenitores, a pesar de no estar trabajando y tampoco estudiando, por lo que los magistrados consideraron que la mujer ya tenía la edad suficiente para solventarse de forma autónoma y calificaron su conducta como de “abandono, vagancia y falta de aprovechamiento”, según una publicación de la BBC.

El no querer emanciparse y seguir viviendo bajo el alero de la familia, es considerado como uno de los aspectos de no tener ánimo para crecer o desarrollarse, lo que según la psicología se conoce como el “Síndrome de Peter Pan”, acuñado por el doctor Dan Kiley en 1983, en el que caben ciertos aspectos psicológicos y sociales que se encuadran con un deseo de permanecer en la juventud sin asumir responsabilidades.

A raíz de esto caso surge la duda de ¿actualmente los jóvenes se están independizando más tardíamente?

De acuerdo a datos de la Oficina Europea de Estadística (Eurostat), los jóvenes europeos abandonan el hogar familiar a los 26.1 años promedio, edad que se ha mantenido durante los últimos ocho años, lo que incluso se prolonga por más tiempo en países como Malta, Croacia e Italia.

Pero ¿cuál es la realidad chilena?

Según datos de la última encuesta del 2015 del Instituto Nacional de la Juventud (Injuv), ocho de cada 10 jóvenes chilenos dependen residencialmente de sus familias nucleares, lo que quiere decir que el 71% de las personas entre 15 y 29 años viven con sus padres y el 9% con otros familiares como tíos o abuelos.

“Cada vez nos podemos encontrar con más “Peter Pan” en Chile, porque ahora los modelos de familia han ido cambiando. Antes a los 24 ó 25 años mujeres y hombres tenían dentro de sus prioridades formar una familia, pero ahora los mueven desafíos profesionales, educativos y tener dinero para viajar”, explica el psicólogo de la Universidad Central, Ricardo Bascuñán.

Al cambio en los modelos de familia, se suman los desafíos de la globalización en ámbitos educativos y profesionales, donde ahora cada vez más jóvenes ingresan a la educación superior, prolongando con esto el ingreso al mundo laboral, de hecho el porcentaje de jóvenes que actualmente está trabajando y los que se encuentran desocupados es la misma cantidad: un 42%, según datos del Injuv.

Si bien a medida que aumenta la edad, el aporte económico de los padres disminuye, pasando desde un 77% entre los 15-19 años a un 26% entre los 25-29 años, los padres tienden a ser más protectores que sus antepasados, situación que genera que los hijos no quieran adandonar el nido.

“Los padres se han transformado en ser excesivamente protectores, antes vivieron situaciones de mayor rigor en lo material, por lo que quieren que sus hijos no pasen por eso y exageran en los cuidados de manutención, lo que simplifica que sean los hijos quienes no parten desde el hogar familiar, y ahora en vez de tener el síndrome del nido vacío pasan al síndrome del nido lleno”, señala Claudio Avendaño, sociólogo de la Universidad de Santiago (Usach).

De acuerdo a los dos expertos en temas juveniles, la tendencia que los jóvenes no quieran asumir responsabilidades como solventar sus primos gastos de forma íntegra al vivir solos, puede ir aumentando en Chile.

“Ahora los trabajos necesitan personas más especializadas, por lo que cada vez más jóvenes opta por continuar sus estudios más allá de una carrera de pregrado, lo que prolonga la permanencia en sus casas, situación que se proyecta aumentará en los próximos años”, explica Avendaño.

El Síndrome de Peter Pan llega incluso a la escritora de este artículo. Estando a menos de un mes de cumplir los 26 años, aún no decido abandonar el hogar familiar.

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