Terrorismo y represalia ciega

  • Analista internacional

El ataque yihadista en Nueva York fue fiel al instructivo del Estado Islámico (EI). Sayfullo Saipov, un uzbeco, arremetió, el martes, con su vehículo por una ciclovía dando muerte a ocho personas e hiriendo a una docena. Un atentado ciego, en que da lo mismo quiénes son las víctimas. En esta oportunidad murieron cinco turistas argentinos. En todo caso, mientras más caigan, mejor se cumple el efecto catastrofista. Saipov dijo a la policía que escogió la noche de Halloween porque habría más gente en las calles. Confesó, asímismo, su frustración por haber chocado con un bus escolar que le impidió continuar su mortífera carrera. El atentado se suma a otras acciones similares ejecutadas en Francia, Gran Bretaña y Alemania.

Saipov acataba los consejos del vocero del EI, Abu Mohammad al-Adnani, quien llamó a los musulmanes en los países occidentales a “romper con piedras los cráneos de los infieles” o, en su defecto, “atropellarlos con un vehículo”. Para más claridad sobre las intenciones arcaicas y hostiles, añadió: “Nosotros conquistaremos vuestra Roma, romperemos vuestras cruces y haremos esclavas a vuestras mujeres… y venderemos a vuestros hijos en el mercado de esclavos”.

El presidente Donald Trump reaccionó veloz a la noticia del ataque neoyorquino con un tuit: “Acabo de ordenar al Homeland Security ( la instancia responsable de la seguridad doméstica) para que haga más exigente nuestro Programa de Filtraje Extremo. Está bien ser políticamente correcto, pero no para esto!”. También señaló que su primera opción es la pena de muerte para Saipov, pero dijo estar abierto a la posibilidad de enviarlo a Guantánamo, el enclave en Cuba donde se encuentra el campo de detención que contuvo casi 600 individuos capturados en Afganistán que fueron calificados como “combatientes extranjeros ilegales”. Se les negó la condición de prisioneros de guerra y no fueron juzgados permaneciendo años en un limbo legal. Varios de los detenidos denunciaron torturas y tratos vejatorios. En las palabras de Amnistía Internacional: “Guantánamo simboliza el desprecio de Estados Unidos hacia el derecho internacional en su ‘guerra contra el terror’”. Todavía resta allí una cuarentena de prisioneros y al parecer Trump está por revertir los esfuerzos del presidente Barack Obama por cerrar la cuestionada cárcel.

Saipov llegó a Estados Unidos, en 2010, a través del sistema de lotería de permisos de residencia, conocido como las Green Cards, tarjetas verdes, que autorizan cada año a unas cincuenta mil personas a radicarse en Estados Unidos. Sobre este método, a través del cual postulan decenas de millones de personas en todo el mundo, Trump viene de tuitear: “Lo que tenemos ahora es un chiste y somos el hazmerreír y no es sorprendente que muchas de estas cosas ocurran”.

Los planteamientos de la Casa Blanca para prevenir los atentados parecen tan ciegos como los blancos de los yihadistas. Prohibir el ingreso de personas provenientes de siete países de mayoría musulmana es discriminar, pues se afecta a una enorme cantidad de personas que nada tienen que ver con el extremismo. Otro tanto con las Green Cards, ya que es como dejar de comer arroz porque en un paquete se coló una piedrita. Por otra parte, mantener abierto Guantánamo despertará sospechas de que se intenta perpetuar los abusos. El terrorismo, como cualquier delito, debe ser combatido con la mayor certeza posible que serán castigados los culpables y no sufrirán inocentes.

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