La política también baila en el Carnaval de Río

Entre el baile y los desfiles, mujeres se manifiestan en contra del acoso y escuelas de samba protestan contra el alcalde evangélico.

Por Mauricio Niño

Seis de las trece principales escuelas de samba de Rio de Janeiro desfilaron la noche del domingo hasta el amanecer del lunes durante el Carnaval de Río. Como cada año, lo hicieron frente a más de 72 mil espectadores en el sambódromo. El resto de escuelas danzarán hoy hasta las primeras horas del martes. Cada una de ellas alinea a cerca de 3.000 personas. Estas, vestidas de plumas, lentejuelas y todo tipo de atavíos exóticos, recorren en una gran coreografía la pista de 700 metros para el deleite del público.

Sin embargo, en medio de la algarabía, el Carnaval es una ocasión para demostrar el descontento popular. Los participantes del Carnaval por lo general aprovechan estos días de gran espectáculo para olvidarse de los problemas cotidianos y la mayoría hará precisamente eso. Pero el mensaje político está más presente con claridad esta ocasión que en años recientes.

“Esta ha sido la celebración más política desde mediados de la década de 1980, cuando la dictadura militar de Brasil estaba por terminar”, dijo el historiador del Carnaval, Luiz Antonio Simas a la agencia AP.

“Brasil ha estado inmerso en el caos político y escándalos de corrupción, y la gente quiere ventilar sus frustraciones al mismo tiempo que quieren estar en la fiesta. Se trata de una gran combinación en el Carnaval”, agrega Simas.

El presidente Michel Temer, el gobernador del estado de Río, Luiz Fernando Pezao, y el alcalde municipal Marcelo Crivella tienen previsto no asistir a la celebración de dos días en el Sambódromo. Los desfiles al ritmo de la samba solían ser un imán de popularidad para los políticos antes del inicio en 2014 de una amplia pesquisa anticorrupción en la gigante petrolera estatal Petrobras.

El político más criticado en Río de Janeiro, por mucho, ha sido el alcalde. Mangueira, una de las escuelas de samba más populares de la ciudad, preparó una carroza que muestra un trasero de plástico con el nombre de Crivella en él. Desde que asumió el puesto el año pasado, el obispo evangélico convertido en político ha recortado los fondos de la ciudad para las escuelas de samba y ha evitado asistir al evento.

Otra preocupación, mucho más seria, durante estos días de celebración es el acoso sexual. Bajo el mensaje “Não é não” (“No es no”) en un tatuaje temporal las mujeres asistentes al Carnaval muestran su rechazo a esta situación. Las cifras de la Policía brasileña muestran lo grave de la situación: una mujer fue agredida cada cuatro minutos en el pasado carnaval de Rio de Janeiro.

“Hay mucho machismo en Brasil y hacer esto es urgente en el Carnaval, porque las mujeres estamos más tiempo en la calle y y con mucha menos ropa y eso acaba siendo un argumento para el asedio”, explicó Luka Borges, impulsora de la iniciativa. “Si continuamos cubriéndonos, escondiéndonos, las chicas más jóvenes necesitarán seguir protegiéndose. Creo que es un acto político ir con los pechos fuera”, agregó. AP

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