Alegatos en La Haya: El día en que dos dictadores se juntaron y acordaron una salida boliviana al mar

La defensa boliviana en los alegatos en La Haya mostró algunos mapas del llamado acuerdo de Charaña.

Por Alejandro Osorio

Era mediados de las década de los 70 y en Sudamérica buena parte de los países eres gobernados por dictadores, y todos eran iguales: militares, en extremo violentos y represores, y enemigos de cualquier pensamiento ligado a ideas de izquierda.

En Chile en 1975, Augusto Pinochet ocupaba el cargo de Presidente de la República, después de ostentar el poder con el rimbombante título de Jefe Supremo de La Nación, tras el golpe de Estado de 1973. Mientras que en Bolivia también un general golpista ocupaba la presidencia, se trataba de Hugo Banzer.

Hugo Banzer El dictador boliviano Hugo Banzer / AP

Estos dos dictadores tenían muchos en común. Los dos eran acérrimo anticomunistas y llevaban adelante violentos procesos internos de represión para asentar sus dictaduras. Pero existían algunas diferencias que, a la postre, los acercaron aún más. El régimen de Pinochet temía un posible ataque argentino, ante el creciente apetito bélico de los militares argentinos, mientras que Banzer soñaba con una salida del mar.

Fue así cómo se gestó el acuerdo de Charaña, hoy citado por la defensa boliviana en los alegatos en la Haya. Pinochet quería bajar toda tensión con sus vecinos, pues su objetivo era concentrarse en el control interno del país, y uno de sus flancos era Bolivia. El primer contacto entre dictadores fue en Brasil, donde Pinochet y Banzer se reunieron e iniciaron las conversaciones.

Pinochet El dictador chileno Augusto Pinichet / AP

La Paz solicitó una franja de terreno con salida del mar soberana entre la Línea de la Concordia (límite con Perú) y Arica. Además, Bolivia solicitó una cesión de terreno soberano de 50 kilómetros de extensión por la costa y 15 kilómetros al interior en una zona cercana a Iquique, Antofagasta o Pisagua.

La dictadura chilena aceptó el corredor por el norte de Arica y descartó cualquier otras cesión. Cuando parecía todo listo, este acuerdo entre Pinochet y Banzer terminó en el basurero, pues ambos gobiernos habían obviado un detalle: según el Tratado de Lima de 1929, firmado por Chile y Peru, se precisa que cualquier cesión de territorio a un tercer país en la zona de Arica y Tacna deberá contar con el acuerdo de ambas naciones.

Y Lima, por cierto, rechazó tajantemente el acuerdo entre Pinochet y Banzer. Así, todo quedó enterrado.

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