Obispo admite pacto con narcotraficantes para "estabilizar" la política mexicana

Los hecho se registraron en el violento estado de Guerrero.

Por Fresia Ramírez

Durante la tarde de ayer el obispo mexicano Salvador Rangel Mendoza admitió las sospechosas relaciones que mantiene la iglesia con el narcotráfico del sector. El católico pertenece a el peligroso estado de Guerrero.

En este estado las rencillas entre la política y el crimen organizado son comunes, la violencia tiene los niveles más altos de todo el país y en 2017 sufrió un total de 2.318 homicidios. Como muestra de esto, en inicios de marzo el candidato a alcalde de la comuna de Zihuatanejo fue asesinado a balazos.

Nunca más

El comunicado de su conversación con la mafia de la droga lo dio al terminar una misa, antes de la bendición final. La promesa que le hicieron al obispo es sencilla pero poderosa: los narcotraficantes no matarán más políticos.

"Aproveché de hablar con ellos para que ya no hubieran más asesinatos de candidatos, y me prometieron que iban a evitar eso, y dejarían una elección libre", comentó Rangel, que primeramente se comunicó el viernes pasado con un "alto capo de la droga" para que realizara una instalación de agua y luz en el municipio de Heliodoro Castillo.

Condiciones

A pesar de la aparente buena voluntad de los narcotraficantes, el obispo comunicó que pidieron dos cosas a cambio de cumplir su promesa. Primero que los políticos cumplieran sus promesas al momento de llegar al poder, ya que, para ellos, en ese momento "se olvidaban de la gente".

La segunda condición es más difícil de probar, ya que el crimen organizado pidió que los candidatos a cargos públicos no compraran el voto de las personas.

 

 

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