Desde donación hasta la compra en el extranjero: así se proveen de cadáveres los médicos en Chile

En Chile los cuerpos no se pueden vender. Las facultades de medicinas aceptan donaciones y, cuando es estrictamente necesario, se compran al extranjero.

Por Jaime Liencura

Un curioso paquete es el que esperan para la próxima semana en la Facultad de Medicina de la Universidad Católica: cinco torsos humanos que fueron comprados a un laboratorio en EEUU, todo para dictar un curso de especialización médica entre el 24 y 26 de este mes. ¿Por qué tuvieron que comprarlos? Por lo difícil que resulta en Chile conseguir un cadáver para la ciencia.

Pese a que hay un mito urbano que indica que los médicos en formación suelen comprar muertos a los hospitales, el doctor Miguel Soto Vidal, jefe de Laboratorio de Anatomía y encargado del Programa de Donacion de Cuerpos a la Ciencia de la Facultad de Medicina de la U. de Chile lo descarta de plano: "el negocio de la venta de cuerpos no está permitido en Chile", sostiene. Es en ese contexto en que quedan dos caminos: comprarlo al extranjero o recurrir a la donación.

En la actualidad hay entre 1.200 a 1.300 personas que han manifestado su voluntad de donar su cuerpo a la ciencia, pero sigue siendo poco según indica el médico, considerando que cada año entre 23 a 25 de ellos en promedio llega a las aulas. Por eso, no duda en invitar a la población a ver esto como una alternativa.

Razones para donar

Fanny Martínez es donante Fanny Martínez es donante / crédito foto: Camila M. Dobbs de Publimetro

"Sin ánimo de hacer propaganda, porque es una decisión personal, hay varias razones para donar: el sentido de servicio como seguir siendo útil después de muerto, por razones económicas -porque no tengo plata para un cementerio- o incluso folclórica del tipo ‘no quiero que me coman los gusanos’ o ‘soy claustrofóbico’", indica.

 

¿Qué se necesita? Legalizar una declaración jurada ante notario y llevarla al departamento que dirige el doctor Soto. Así lo hizo Fanny Martínez (55), auxiliar de aseo quien afirma que "decidí donar mi cuerpo porque encuentro que es malo que me tiren a la tierra. Quiero seguir ayudando".

Respeto

Una vez entregado el cuerpo, los familiares no pueden volver a ver a sus deudos, pues los estudiantes lo usan para practicar operaciones y puede ser muy fuerte verlos en formalina o derechamente congelado. Ello pues los cadáveres se mantienen en congeladores o algunos se preservan con técnicas médicas que los hacen adoptar otro color. Algunos quedan con venas y órganos expuestos, todo con fines estudiantiles. Por eso, según indica el doctor Soto, "el respeto es fundamental".

"Aquí me ha tocado ver a personas con las que me tomaba un café, pero como unidad de estudio. Desde primer año empezamos a tomarle el respeto al cuerpo", precisa el hombre que trabaja en una oficina donde hay una veintena de cadáveres completos, más cientos de otros desmembrados y guardados en un congelador.

¿Penan ahí? "Somos hombres de ciencia pero tampoco podemos afirmar tajantemente sí o no. Yo tengo colegas que no creen ni en su mamá y han visto cosas. Yo no he visto nada, porque soy refractario a este fenómeno", precisa.

Importación

Cuando la donación no es suficiente, lo que queda es comprar al extranjero. Así al menos lo indica el doctor Víctor Miranda, uroginecólogo de la Red de Salud UC Christus, quien liderará el curso de laparoscopía ginecológica avanzada con los torsos que llegarán a Chile la próxima semana. "Siempre es un problema para nosotros porque son difíciles de conseguir. Hay simuladores para suplir algunos cursos, pero casos tan específicos como el que dictaremos necesitamos cuestiones específicas que sólo puede otorgar un cuerpo humano", indica.

Según un reporte de BBC Internacional, en la actualidad existen al menos 20 empresas norteamericanas dedicadas a la venta de cadáveres. Los precios varían por extremidad: una cabeza sola puede costar US$1.200 a 1.500 mientras que un torso con cabeza, tórax y pelvis hasta US$5 mil.

Todo para conseguir que los especialistas puedan seguir profesionalizándose en la medicina, una materia que paradójicamente nunca va a morir.

 

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