Nicaragua celebra aniversario de la Revolución Sandinista marcado con sangre

Las protestas que han dejado 350 muertos pretenden derrocar a Daniel Ortega, presidente que en su momento ayudó a sacar del poder a Anastasio Somoza

Por Agencias

El Gobierno de Nicaragua anunció que los sandinistas conmemorarán el jueves desde cada uno de los municipios del país el 39 aniversario de la revolución, a diferencia de otros años, cuando lo han celebrado en la Plaza de la Fe Juan Pablo II de la capital, y en medio de una crisis que deja unos 350 muertos.

Los manifestantes nicaragüenses se enfrentan a un genuino Goliat en Daniel Ortega. En el único país, después de Cuba, que orquestó una revolución armada exitosa en América Latina, Ortega —ex guerrillero del frente sandinista que derrocó en Nicaragua al dictador Anastasio Somoza en 1979— es un coloso.

Nicaragua Foto: AP

Ortega ha sido la persona más poderosa en Nicaragua por casi 40 años y presidente por 16 de esos años. Mientras no estuvo en funciones presidenciales, de 1990 a 2006, Ortega tuvo control del país de forma efectiva como poderoso delegado sandinista en la Asamblea Nacional.

Aun cuando los sandinistas eran minoría, Ortega lograba detener al país organizando protestas masivas, como lo hizo en innumerables ocasiones entre 1990 y 2006. Y no cabe la menor duda de que esta ironía no escapará a los actuales manifestantes en contra de Ortega.

¡Que se vayan los dictadores!

En una región con una historia de violentos dictadores, la represión del estado provoca la ira de los ciudadanos.

Nicaragua ha sufrido un gran conflicto político. En 1979, los rebeldes sandinistas protagonizaron una insurrección de siete años para liberar al país del gobierno militar. A continuación, se produjo una guerra civil de 11 años entre el gobierno sandinista y los Contras respaldados por Estados Unidos.

Nicaragua Foto: Cuartoscuro

Está claro que en este momento hay poca tolerancia lo que provoca más derramamiento de sangre. Es probable que la determinación de los manifestantes se haya endurecido por el hecho de que la mayoría de los muertos son jóvenes estudiantes.

Aislado por décadas de poder, Ortega parece haber subestimado el grado en que la violencia y la represión del estado reuniría facciones que él había dividido tan hábilmente por tanto tiempo. Actualmente, estudiantes, grupos de derechos humanos, el sector empresarial y la Iglesia Católica se han unido para alcanzar un objetivo: destituir al presidente.

El ejército ha dicho públicamente que no abandonará el cuartel para reprimir a los ciudadanos. Si los generales mantienen su palabra, creo que los días de Ortega están contados.

Una caída rápida del poder

El colapso de Ortega ha sido vertiginoso.

En el 27 aniversario de la Revolución Sandinista, en 2006, Ortega cabalgó un caballo blanco entre multitudes frenéticas en la Plaza de La Paz, en el centro de Managua. Más tarde, ese mismo año, sería reelegido como presidente de Nicaragua.

Nicaragu Foto: Cuartoscuro

En los años siguientes, el gobierno comenzó a colocar innumerables pancartas y carteles con la imagen de Ortega a lo largo del país. El presidente centralizó el poder en la rama ejecutiva, tomó el control de la Asamblea Nacional y la Corte Suprema de Nicaragua, abolió los límites de mandato, y en 2017, nombró a su esposa como vicepresidenta de Nicaragua.

Ortega fue reelegido en el 2016 para su tercer mandato con el 72 por ciento de los votos. Pero solo el 30 por ciento de la población de Nicaragua votó en las elecciones presidenciales de ese año, y los partidos de la oposición alegaron que hubo fraude.

Tal vez su legitimidad ya estaba en duda en aquel momento. Ahora, el colapso de Ortega parece tan inevitable como lo fue su ascenso al poder.

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