Expectativas versus realidad

Por Sergio Tricio

En los últimos meses he tenido la oportunidad de realizar varias presentaciones sobre la evolución de la economía chilena, mirando en detalle los datos de actividad, que a todas luces este año han sido espectaculares en relación con el desempeño de los últimos años. Sin embargo, la sensación ambiente no es buena.

En esas mismas presentaciones no veo mucho optimismo, sino todo lo contrario, bastante decepción. Esto lo atribuyo a dos aspectos, el primero, a la repetida frase de campaña denominada “tiempos mejores” que generaron expectativas demasiado optimistas, frente a un repunte económico que para el común de la gente se demora en llegar, sumado a un segundo aspecto relacionado a la realidad de un conjunto de cierres de empresas icónicas como Iansa, Suazo o Maersk, que han sido de amplio conocimiento público, lo que suena contradictorio respecto a esos esperados “tiempos mejores”.

Considero que las expectativas que se generaron fueron excesivas, pero también creo que la realidad es mucho mejor que la percepción actual en la población. Esto se debe a que el cierre de algunas empresas no es una decisión que se toma de un día a otro, y es de amplio conocimiento, también, que eran empresas que no lo venían pasando bien desde hace mucho tiempo, precisamente por la sostenida debilidad económica que se arrastraba hace años.

Considero que las expectativas que se generaron fueron excesivas, pero también creo que la realidad es mucho mejor que la percepción actual en la población

Por otra parte, la población puede percibir una mejoría económica en la medida que lo pueda percibir en su bolsillo, de esta forma, sólo en la medida que mejoren las cifras de empleo y aumenten los salarios, podremos ser más optimistas.

Mi visión al respecto es bastante positiva, ya que un ciclo económico favorable, como el que estamos iniciando este año, el último eslabón que lo termina capturando es, precisamente, el empleo. ¿Cómo ocurre esto? Cuando mejora el ánimo y se dan las condiciones para que las empresas puedan crecer, se decide invertir.

Una inversión a gran escala no se concreta de la noche a la mañana, primero se evalúa, luego se logra el financiamiento, se echa a andar la obra, se importan las primeras maquinarias y contratan a unas pocas personas, hasta que el proyecto se encuentra en pleno funcionamiento, donde se contratan a muchas personas que lo deben implementar. Esto no demora un par de meses, sino que puede demorar varios trimestres e incluso años, cuando hablamos de proyectos de gran envergadura.

Recientemente conocimos las cuentas nacionales del tercer trimestre, en donde el PIB se desaceleró a un crecimiento del 2,8%. Sin embargo, la inversión mantuvo una elevada tasa de crecimiento del 7,1%, lo que augura un escenario muy favorable de cara al futuro.

De esta forma, poco a poco, esta mejoría en la inversión se traducirá en más y mejores empleos, sólo es cuestión de tiempo.
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