Muere destacado historiador y escritor nerudiano que rescató el último discurso de Allende tras el Golpe

Nueva Imperial decretó duelo comunal tras el fallecimiento del escritor e intelectual Eulogio Suárez Quijada, quien en 1973 llevó el mensaje grabado del ex presidente desde la Radio Balmaceda hasta la residencia de un embajador.

Por Daniel Pérez Pavez

La muerte de Eulogio Suárez Quijada (82) enluta al mundo de las letras y del fútbol. Esa extraña dualidad define a un personaje versátil y carismático, reconocido internacionalmente por ser un estudioso de Pablo Neruda y que quedó registrado en la historia reciente de Chile por preservar el último discurso de Salvador Allende cuando ya había comenzado el fatídico bombardeo de La Moneda.

Nacido en Nueva Imperial, que lo declaró hijo ilustre y decretó duelo comunal en las últimas horas, fue profesor, periodista, ensayista y poeta, de reconocida envergadura intelectual. Estudioso y amigo de Pablo Neruda, escribió “Neruda Total”, publicado en varios idiomas y hace poco acababa de lanzar “Francisco de Bilbao, una luz en la oscuridad”. En 2011 recibió el Premio Pedro de Valdivia, y además editó los poemarios "Edel", "Yo Vine un Día", "La Rosa Verde", "Canto a América", "La Araucanía", y en 2015 "Pablo Neruda, sucede… Almacén de Curiosidades".

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Al rescate del último discurso

Comprometido políticamente, el exilio de 1973 lo llevó a la Unión Soviética y Alemania del Este. Testigo de la historia e investigador obstinado, vivió un episodio memorable el 11 de Septiembre cuando trabajaba en la Radio Magallanes, y se jugó la vida para llevar una copia en del último discurso del Presidente Salvador Allende al embajador Friedel Trappen de la RDA. El diplomático hizo llegar la cinta de audio a las Naciones Unidas y a Finlandia, donde se realizó el primer acto de  solidaridad a dos días del Golpe de Estado.

Sin embargo, Don Eulogio también era hincha del fútbol y, parafraseando a Neruda y su emblemática “España en el corazón”, el escritor tuvo a los rojos en su sentimiento. “Un día lluvioso de 1951 –lluvia de verano en La Frontera–, Unión había llegado a la final del campeonato de 1950 en empate con  Everton y debió disputar la corona el domingo 14 de enero en el Nacional.  Me había instalado desde temprano en el salón de la casa de mi abuela Fuensanta, al lado de nuestra tienda y frente al Centro Español,  a esperar a que apareciera por el éter el relato de Darío Verdugo, para la transmisión de aquel partido memorable. Hasta recé para que ganáramos el título. Había cumplido hacía poco 13 años. La Unión estaba formada por Hernán (Nano) Fernández , Isaac Fernández, Américo Azares, Valentín Beperet;  Rosamel Miranda, Jorge Ibáñez; Benito Armingol, Atilio Cremaschi, Carlos Rojas, Mario Lorca, y José Dunevicher", recitaba de memoria, con aquella misma pasión que siempre lo impulsó en su prolífica vida.

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