La mitad de la comunidad mormona víctima de una masacre en México dejaría el país: unas 2.500 personas

La emboscada que le costó la vida a seis niños y tres mujeres los motivó a dejar el país con destino a EEUU.

Por AP/Sebastian Foncea

Después de los funerales de las tres mujeres y seis niños estadounidenses asesinados por un cártel del narcotráfico en una emboscada, los residentes de La Mora, una aldea de alrededor de 300 habitantes, tienen que enfrentar el miedo provocado por los ataques en una comunidad muy unida.

"No me siento seguro aquí, y no me sentiré, porque la verdad es que no estamos seguros aquí como comunidad”, dijo David Langford entre lágrimas al dirigirse a los asistentes al sepelio de su esposa, Dawna Ray Langford.

Mientras la comunidad de Colonia LeBarón está tranquila desde el asesinado de uno de sus miembros en 2009 y la posterior instalación de una base de seguridad, La Mora carece de esa presencia, al menos hasta que la masacre del lunes hizo que las fuerzas estatales y federales se desplegaran en la zona para proteger a los dolientes. El tiempo que permanezcan allí será crucial para determinar el futuro de la aldea.

"Estamos aquí en las montañas, no tenemos acceso a las autoridades, o muy, muy poco”, añadió David Langford.

Soldados mexicanos hicieron guardia durante los entierros del jueves, un recordatorio de los peligros que enfrentan al vivir en un territorio que se disputan dos cárteles de la droga.

El primer funeral fue por una madre y sus dos hijos, que fueron sepultados en ataúdes de madera de pino tallados a mano en una sencilla tumba excavada en el rocoso suelo. En mangas de camisa, con trajes o vestidos modestos, alrededor de 500 dolientes mostraron su dolor por la tragedia bajo carpas blancas. Algunos lloraban mientras otros entonaban cantos.

Los tres fueron sepultados juntos, como que fallecieron el lunes, cuando los pistoleros dispararon una lluvia de balar contra su camioneta cuando circulaban por un camino sin pavimentar rumbo a otro asentamiento, la Colonia LeBarón, en el vecino estado de Chihuahua.

En una dura y emotiva ceremonia, los familiares relataron los valientes intentos de rescatar a sus seres queridos luego del ataque y cómo algunos de los niños caminaron kilómetros por las montañas para volver a la comunidad, situada a unos 110 kilómetros al sur de la frontera con Arizona.

No se hablaba de venganza en esta comunidad profundamente religiosa, sólo de justicia. “Dios se encargará de los malvados”, señaló Jay Ray, el padre de Dawna, en su discurso.

David Langford dijo que su esposa era una heroína por decirles a sus hijos que se escondieran mientras su vehículo era atacado. “Me resulta difícil perdonar”, apuntó. “Generalmente soy un hombre muy misericordioso, pero este tipo de atrocidades no tienen cabida en una comunidad civilizada”. “Mis hijos fueron asesinados de manera brutal, brutal (…) y mi amada esposa”, agregó.

 

Despiadados

Según las autoridades mexicanas los agresores podrían haber confundido las camionetas en las que iban las mujeres con las que utiliza el cártel rival.

Pero Julián LeBarón, cuyo hermano Benjamín (un activista contra el crimen) fue asesinado por sicarios de un cártel en 2009, rechazó esa versión.

“Tenían que saber que eran mujeres y niños”, dijo, agregando que los ocho menores que sobrevivieron contaron que una de las madres salió de su camioneta con las manos en alto y aun así fue baleada.

Para muchos, la masacre parece demostrar una vez más que el gobierno ha perdido el control de vastas zonas de México ante los narcotraficantes.

La masacre, además puso en duda la estrategia de seguridad del presidente, Andrés Manuel López Obrador, que se centra en tratar de resolver los problemas sociales subyacentes en lugar de combatir a los cárteles con la fuerza militar.

“Ahora este lugar se va a convertir en un pueblo fantasma”, dijo Steven Langford, ex alcalde de La Mora y hermano de una de las fallecidas, Christina Langford. “Muchas personas se van a ir”.

La comunidad LeBarón, que llegó a México a principios del siglo XX, está compuesta por más de cinco mil miembros.

“Hemos platicado con varios; dicen que se van (a EEUU)”, confesó Dave LeBarón en el funeral. “Desde antes que pasara esto, dado que ha habido muchas amenazas aquí. Estamos pensando que al menos la mitad de la gente que vive aquí se va”, agregó.

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