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Publimetro Chile

A continuación, te explicamos algunos puntos que te sugerimos considerar a la hora de organizar tus finanzas. Queremos ayudarte a tener las mejores herramientas financieras para enfrentar los momentos que vivimos.

1. Registra en detalle tus ingresos y tus gastos

Primero, toma nota de todos tus ingresos: estos son el dinero que tendrás a tu disposición, como puede ser tu sueldo, o ingresos si es que emites boletas, rentas, pensiones, algún arriendo que puedas recibir, etc. En resumen, todo el dinero que tengas presupuestado recibir en el mes.

Conoce nuestra plantilla de presupuesto mensual para registrar tus ingresos y gastos.

Hecho lo anterior, registra ahora tus gastos, que son las salidas o egresos de dinero por resultado de la adquisición de bienes o servicios, o de manera extraordinaria, de operaciones financieras o de otro tipo. Distingue aquellos que son fijos, como cuentas de servicios básicos (tales como el agua, la luz, el gas, internet, etc.) y aquellos que son gastos variables e imprevistos, como el vestuario, algún repuesto del auto, entretenimiento o vacaciones. Este tipo de gasto fluctúa en el tiempo.

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Refinanciar o repactar un crédito permite cambiar el valor de la cuota, para hacerla más cómoda a tu capacidad de pago, cómo también modificar el número de cuotas y el plazo del crédito.

Te sugerimos que este registro lo realices para cada mes, de manera que puedas proyectar si eres capaz de cumplir con tus compromisos de pago. Puede que un mes o dos tus gastos sean mayores que tus ingresos. Aunque siempre debes procurar que esto no ocurra, en la medida en que se trate de una situación puntual, no permanente, no debería convertirse en un problema mayor en el largo plazo. De todos modos, en caso que tus ingresos sean menores que tus gastos, deberás evaluar la factibilidad de reducir estos últimos para equilibrar la balanza a tu favor. También, en la medida de tus posibilidades, considera incrementar tus ingresos a través de otras fuentes.

2. Identifica los gastos que no sean esenciales

Es importante que diferencies los gastos fijos o básicos y los variables, así te será más fácil encontrar dónde puedes ajustarte. Haz un barrido de todos tus gastos e identifica todos aquellos que puedas postergar un tiempo o permanentemente. Fíjate primero en los que, de quitarlos, no afectan tu ritmo de vida normal.

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Recuerda que los gastos fijos son aquellos que mes a mes no puedes dejar de cubrir y son, por ende, de carácter obligatorio. En este grupo se encuentran, como mencionábamos antes, las cuentas de servicios, el arriendo o dividendo de tu casa, el colegio de tus hijos, tus obligaciones con bancos y casas comerciales, etc. En tanto, los gastos variables son aquellos que, como su nombre lo indica, cambian en el tiempo (entre ellos están el pago de unas entradas para asistir a un concierto, la compra de una pizza con delivery a la casa o la renovación del televisor). Entre los gastos variables deben considerarse también los imprevistos, esos desembolsos que no sabes que tendrás que realizar (como por ejemplo, el pago de un medicamento si te enfermaste o el costo del arreglo del refrigerador que se echó a perder).

Una vez que hayas realizado esta lista y tengas diferenciados tus gastos, te será más fácil determinar cuáles son aquellos que puedes posponer, o recortar, con el fin de disminuir tu gasto total del mes.

3. Ahorra lo que no gastes

Si ya identificaste los gastos de los que podrás prescindir durante este periodo, o permanentemente, y te queda un excedente, te recomendamos que lo destines al ahorro y así lo reserves para necesidades futuras o imprevistos. Dependiendo del monto del que dispongas y si quieres guardar el dinero para un objetivo de corto, mediano o largo plazo, considera distintos mecanismos de ahorro:

Cuenta de ahorro: los bancos y algunas instituciones financieras ofrecen cuentas de ahorro, las cuales puedes abrir para ir depositando todos los meses o cada vez que puedas. Generalmente tienen limitada la cantidad de giros que puedes hacer durante el año, y te entregan intereses y reajustes. Pueden cobrar comisiones, o no.

Depósito a Plazo (DAP): se trata de un instrumento de ahorro ofrecido por los bancos e instituciones financieras. En algunos casos se exigen montos mínimos para abrir un depósito a plazo, los que pueden fluctuar, por ejemplo, entre $50.000 y $100.000, dependiendo de la entidad. El depósito a plazo, como su nombre lo indica, tiene una fecha determinada de vencimiento que puede ser de entre una semana y 365 días. Entre mayor sea el plazo que tomes, más interés te darán por tu dinero. Debes tener en cuenta que no podrás retirar el dinero antes de que termine el plazo que hayas pactado (de lo contrario perderás los intereses).

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Ahorro Previsional Voluntario (APV): este tipo de ahorro se refiere al monto de dinero que un trabajador o trabajadora, dependiente o independiente, deposita en forma voluntaria y adicional a la cotización obligatoria de AFP establecida por la ley. Para estimular el ahorro previsional en las personas y por consiguiente contribuir a mejorar sus pensiones, el uso del APV otorga beneficios tributarios. Si se elige el régimen A, el Estado aporta un 15% de lo que ahorres, hasta un tope de 6 UTM (Unidades Tributarias Mensuales) anuales (cerca de $ 290.000). En cambio, en el régimen B, lo ahorrado se rebaja de la base imponible para calcular el impuesto único de segunda categoría. Ahora, si decides retirar tu APV antes de tu jubilación y los retiros no se utilizan para anticipar o mejorar tu pensión, deberás a pagar un impuesto único (en la misma forma y fecha que el impuesto global complementario, esto es, en abril). Al momento de retirar el APV, la institución que gestione tu ahorro deberá retener un 15% de lo retirado, este porcentaje servirá de anticipo al impuesto único a pagar.

4. Busca oportunidades de generar ingresos

Es importante que tengas en cuenta que no es sostenible que tus ingresos sean menores que tus gastos en el mediano o largo plazo. Por eso, para organizar tus finanzas y lograr el equilibrio o, mejor todavía, un saldo positivo en tu presupuesto, una vez que hayas disminuido todos los gastos variables que puedas reducir, si todavía no te alcanza, te recomendamos buscar la forma de ampliar tus fuentes de ingresos, ojalá de forma permanente.

Una buena idea es considerar la posibilidad de comenzar un emprendimiento, esto es, la identificación de una oportunidad de negocio, asumiendo un riesgo y organizando los recursos necesarios para ponerlo en marcha con el propósito de alcanzar mayores ingresos.

Si luego de recibir tu sueldo y/u otros ingresos con los que puedas contar, además de haber reducido todos los gastos que no sean necesarios, de todas formas no alcanzas a cubrir todas tus obligaciones y compromisos, considera la posibilidad de solicitar un crédito de consumo para ayudarte a ordenar tus finanzas y estar mejor preparado para los meses que vienen.

Un crédito de consumo es un préstamo de dinero, a corto o mediano plazo, que una persona solicita a una institución financiera. Generalmente el solicitante paga el crédito en cuotas iguales y sucesivas por el período acordado, con un interés. Antes de tomar un crédito es importante que cotices en distintas entidades y te fijes en el costo total del mismo, el cual incluye todos los cobros asociados al préstamo. De esta manera podrás optar de manera informada por la alternativa que más te convenga.

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Cuando estás en apuros o quieres llevar adelante ese proyecto en que tanto has pensado, los créditos de consumo parecen ser la llave que abre todas las puertas. Un Crédito de Consumo es un préstamo a corto o mediano plazo, para obtener dinero de libre disposición, generalmente para bienes de consumo o el pago de servicios. Tomar … Sigue leyendo ¿Cuándo pedir un Crédito de Consumo?

Esperamos que estas recomendaciones puedan serte de ayuda. Recuerda que en la medida en que seas ordenado financieramente, podrás enfrentar mejor este difícil periodo.

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