Elkika, culto a la cerveza y a los sándwich gigantes

Ahí donde empieza la calle Hernando de Aguirre, y a la vez, se niega a llegar hasta Providencia transformándose en una punta de diamante coronada por una fuente de agua bastante siútica, es cosa de dar unos pasos para llegar a un sector de terrazas con mesitas al aire libre, que nos invita a sentarnos en cualquiera de las mesas con toldo que le hacen la guardia a los usuarios del Metro Tobalaba. Pero también a los tentados que pasan y se quedan para gozar una buena Cristal helada con alguna delicia, como un sanguchón de proporciones apocalípticas.

Por Publimetro

El Reino se divide entre locales vecinos que ofrecen más o menos lo mismo. Generosos sándwiches y refrescantes cervezas. Cada uno con su identidad. Por allá está el que recibe casi exclusivamente a conversadores de idiomas extranjeros, y por acá, el de comida rápida con esa conocida cara de payaso como emblema.

Claro que hay uno que estuvo desde siempre -o casi- en este punto que corona una larga travesía de bares y restaurantes que se inicia unas cuadras al surponiente, cerca del Metro Colón. “Elkika”, ese nombre andrógino que nadie sabe si es de una mujer, un pueblo o una confusión de género. Aunque da lo mismo, porque lo que sí conocen sus feligreses, es que se trata de un punto emblemático desde hace 50 años, y un poco más, donde reinan tres conceptos inclaudicables: cervezas de primera, delicias astronómicas disfrazadas entre torrejas de pan casero que envuelven todos los sabores del mundo, y una atención de primera.

Vamos al número 47 de Hernando de Aguirre. Nos recibe su administrador Mauricio Berríos quien nos cuenta que, allá por 1945, el límite nororiente de Santiago “terminaba” aquí. Exactamente frente al Canal San Carlos. Y que era un punto de reunión clásico allá por los ’60.

Diez años antes el emigrante alemán Hans Heyn compró la prometedora fuente de soda y le dio ese espíritu que hasta hoy perdura en el local de Tobalaba: exquisitos y gigantescos sándwiches junto a un verdadero culto por la buena cerveza.

En la carta hay de todo. Las mejores marcas del mundo, cervezas artesanales, nacionales, tradicionales. Nosotros preferimos un clásico shop Cristal ($1200 el chico, $1600 el grande), el que gracias al exclusivo sistema de frío de Elkika, nos llega casi a quemar las manos. Pero la refrescancia total hay que acompañarla, y por eso pedimos el emblema de la casa: un “Kika”, que se traduce en una fricandela casera de proporciones apocalípticas, con pepinillo, cebolla cruda y mayonesa ($3800). 

Durísima tarea finiquitar la apuesta con el vaso y el plato vacíos. Pero lo logramos, aunque los más talibanes también pueden apostar por otros sándwiches clásicos, como la Gorda Rellena ($3.500), el “Ilmenau” (leberkäse, huevo frito y cebolla frita) o el “Bremen” (salmón ahumado, pepinillo, tomate y mayonesa en pan negro), los dos últimos por $3800 pesos.

En fin, la carta es amplia y también incluye platos como escalopa Kaiser con agregado ($6500) y chuletas Kassler con agregado ($6500) o “a lo pobre” ($6900). Pero, sea cual fuere la elección, la cerveza Cristal y su refrescante amargor característico tipo Lager, no pueden fallar.

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