Ahora podrán descubrir yacimientos mineros sin realizar faenas

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Ya no será necesario destruir todo un bosque de eucaliptus sólo para saber si es factible encontrar un yacimiento minero por debajo de esta tierra. Esto, porque una chiena está desarrollando una nueva metodología que le permitirá descubrir, a través del análisis de ramas y el follaje de distintas especies en zonas de vegetación, vestigios de cobre y eventuales yacimientos.

 

Así, este proyecto podría revolucionar el negocio de la minería, ya que evitaría a las empresas invertir en faenas que podrían no llegar a puerto. Francisca Correa, ingeniera en biotecnología de la Universidad Andrés Bello, es la autora de esta propuesta que desarrolla a través de su empresa, BioExplora.

 

Desde el principio

 

“BioExplora nació luego de algunas conversaciones con un geólogo experto en exploración minera. Partió como una solución bien concreta sobre cómo poder abaratar los costos del descubrimiento de yacimientos mineros en zonas cubiertas por vegetación y sedimentos”, cuenta Francisca.

 

Explicado en términos sencillos, la tecnología se basa en el uso de especies vegetales para determinar la presencia y concentración de minerales.

 

Francisca explica que “las plantas tienen la habilidad de acumular elementos químicos en sus tejidos obtenidos desde el suelo en que crecen. Por ejemplo, si imaginamos un eucaliptus sobre una zona rica en oro, durante el tiempo las partículas de oro empiezan a subir por las raíces y se acumulan en ramas y hojas. Mediante el uso de nuestra tecnología, podemos detectar la presencia y la concentración de oro en este tipo de tejidos. Además, nuestra tecnología puede detectar más de 30 minerales de interés comercial como cobre, plata e incluso tierras raras”.

 

El comienzo de este trabajo se remonta a septiembre de 2014 junto a la socia de Correa, Consuelo Marquardt, y Juan Carlos Marquardt, geólogo con experiencia en el sector minero, quienes obtuvieron $20 millones por una postulación a Sart-Up Chile. Así, probaron su teconología en varias especies, como el eucaliptus, el molle y el quillay, en zonas mineras del centro-norte de Chile.

 

“Con los recursos de Start-Up Chile desarrollamos la parte más técnica, más científica. No tenía sentido hacer un plan comercial si la parte científica no estaba validada”, dice Francisca.

 

Para tener esta orientación, Correa participó del programa de Stanford Ignite, que les entregó las herramientas para definir, formular y desarrollar el proyecto y convertirlo en un plan de negocios viable. El proyecto también obtuvo una línea de financiamiento de Corfo, a través de Fundación Chile. En la primera etapa recibieron $15 millones para “hacer un prototipo a gran escala en conjunto con un potencial cliente. (…) La segunda parte del financiamiento de Corfo nos entregaría $40 millones para poner en marcha el negocio”, explica Correa.

 

Este año esperan conseguir los primeros clientes para funcionar como empresa independiente a principios de 2017.

 

Francisca Correa ha estado desarrollando este proyecto desde septiembre de 2014

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