Columna de Leo Meyer: "La revolución de la innovación"

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Los hippies marcaron una época en el mundo. Durante casi una década revolucionaron todo con locas armonías, festivales masivos y símbolos de amor y de paz. Posicionaron en gran parte del planeta que todo se podía con el “flower power”, el poder de las flores: sí al amor, no a la guerra.

 

Fue una generación que atacó todo lo establecido -lo político, lo corporativo y los estamentos sociales- y que hizo tambalear las “formas”. Un movimiento que estaba encaminado a una expansión global sin precedentes y que ponía en jaque el materialismo que por esos días inspiraba al capitalismo.

 

Sin embargo, las soluciones que proponía eran poco viables. El tiempo pasó, los hippies comenzaron a tener familia y envejecer. El mundo cambio y las ideologías comenzaron a dar paso a realidades más concretas: el fin de la Guerra de Vietnam, la crisis del petróleo, debacles económicas, el final de la Guerra Fría y, finalmente, el amor por el dinero de Wall Street.

 

Algunos revolucionarios aún sobreviven bajo el formato antiguo: pacíficos, desprendidos y viviendo al margen del sistema. Pero también existe una renovada versión de ellos, una nueva generación de jóvenes que comparten un mismo elemento y lo ubican al centro de sus vidas: la tecnología. 

 

Son los startups, “emprendedores gacela”, verdaderos revolucionarios que evolucionaron, e inspirados por Google, Facebook y Twitter, por nombrar algunos ejemplos, decidieron dedicar su juventud para crear aplicaciones que permitan acceder gratis a lo que antes era limitado o pagado. Algunos no lo dicen, pero a la mayoría los mueve el romper los esquemas para cumplir los sueños y las ideas que vienen a sus inquietas mentes.

 

¿Cómo los identificas? Construyen tecnología y socializan a través de ella. La nueva paloma de la paz hoy se expresa en 140 caracteres. Tienen su espacio en Silicon Valley y ya salieron en franca expansión por el mundo. Steve Jobs es el copiloto.

 

Se reúnen en torno a la música, del rock, muy al estilo de los hippies de Woodstock. Así como lo hicieron ayer Jimi Hendrix y Janis Joplin. Pero los de hoy lo hacen de una manera distinta. Aterrizada. Innovadora. Cambiaron las flores por códigos creadores incluso de vida artificial. Son los nuevos dioses que antes de los 30 tienen rendidos ante sus zapatillas a usuarios, profesionales, académicos, economistas, presidentes, reinas, plebeyos y obreros de aquí, allá y más allá.

 

¿Lograrán cruzar el punto de no retorno y doblar la mano de esos ejecutivos grises, verdaderos embajadores de una cultura corporativa tradicional y cortoplacista de Chile que habla de innovación, pero hace muy poco? Deja que The Beatles te acompañe en esta reflexión. Suena “Revolution”.

 

 

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Leo Meyer

Periodista, fundador dediariopyme.com

y de la comunidad innovarock.cl
@leomeyer

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