La historia de Cristóforo: lecciones de un emprendedor osado y visionario

Por Leo Meyer
  • Periodista, fundador de diariopyme.com y creador de la comunidad innovarock.cl

Hace más de 500 años Cristóbal Colón (o Cristóforo para sus amigos portugueses) nos dejó varias lecciones que ayudan a comprender las dinámicas del emprendimiento y la innovación.

En primer lugar, al verse como “un navegante más” tuvo la necesidad de marcar una diferencia y eso lo llevó a una brillante idea: intentar descubrir una nueva ruta comercial hacia la India y que generarara ahorro en tiempos de transporte para la corona española. Buscó hacer más eficiente el proceso y no hacer por hacer.

Pasó del dicho al hecho, y el segundo paso fue convocar a personas que quisieran acompañarlo en su aventura. Apareció Alonso (de Camargo), Martín (Alonso Pinzón) con sus hermanos y éstos convocaron a otros tantos hasta formar un equipo que Colón denominó “loca tripulación”. Pasó de la idea al equipo.

El tercer paso, y como siempre el más complejo, fue conseguir el financiamiento. Y claro, los libros de historia no lo dicen, pero sin duda que Cristóforo pensó en algún momento que ese inversionista sólo podía ser alguien que pudiera cautivar únicamente con su desplante y decisión, ya que un español tradicional jamás hubiese “invertido” en esta absurda idea. Siempre hay un inversionista para ti.

Me imagino a este audaz navegante peinándose, ensayando frente al espejo una y otra vez y armando un plan para encontrarse con su inversionista. Y cuando eso ocurrió debió decirle algo así como “…mi Reina, a usted la estaba esperando…”, para luego convencerla y lograr lo que logró: joyas de la Corona para financiar la travesía en alta mar. Arma muy bien tu discurso (eso que llaman “pitch”).

Con dinero en mano, convencer a la tripulación fue cuestión de horas. Meses más tarde, estaban las tres carabelas listas para zarpar desde el Puerto de Palos y la aventura recién comenzaba. No te lances a la piscina sin saber flotar.

Tal como en cualquier emprendimiento, Colón enfrentó el valle de la muerte, que en este caso podríamos llamar el océano de la muerte: los tripulantes de La Niña, La Pinta y La Santa María se rebelaron y estuvieron a punto de tirar por la borda la osadía de su capitán, pero…

Un ave voló sobre sus cabezas, tal como una venta te recuerda que hay facturas y boletas en blanco esperando por ser llenadas. Luego otra, cientos y miles, tal como con el segundo comprador, el contrato a largo plazo y los clientes recurrentes. ¡Tierra a la vista! Gritaron en alta mar. ¡Cerré un negocio! Es nuestro grito.

Y la innovación fue el premio que recibió Cristóforo Colón por pensar, ser y hacer las cosas de modo distinto: en esos tiempos todos… TODOS pensaban que el mundo era un cuadrado y que cuando un barco llegaba al horizonte se iba a caer al vacío. Y este loco marino que abrazó una idea, un sueño que se ha propuesto hacer realidad, demostró que la tierra era más redonda que la manzana que iluminó a Newton. La innovación se alcanza en entornos nuevos.

Luego vino Steve Jobs y reinventó todo: hoy el mundo es otra vez cuadrado (mira tu laptop, el celular, la televisión…). Pero ésa es otra historia.

¿Y tú? ¿Cuál es el sueño que estás a punto de hacer zarpar? ¿Con qué tripulación navegas? ¿Cuál es tu reina inversionista que no le apuesta a cualquiera sino a ti porque te cree más de lo que tú mismo crees en ti? ¿Estás decidido a enfrentar el océano de la muerte? ¿Entendiste que navegar para siempre no sirve y que “la tierra” es un destino que te permite sobrevivir?

Cuéntame. Me interesa. Búscame en redes sociales y cuéntame. ¡Buena mar!

 

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