La celebración en la Catedral de Buenos Aires: sólo una cara de la iglesia

Emocionados fieles argentinos se reunieron para agradecer al nuevo Papa Francisco entre cánticos y vendedores ambulantes de banderas.

Por Maxi Diomedi desde Buenos Aires

“¿Emocionante no?”, le dice una señora a su marido en la puerta de la Catedral de Buenos Aires, mientras cientos de voces juveniles entonan: “Francisco querido / el pueblo está contigo” y un vendedor ambulante, munido de banderas con los colores argentinos y papales, grita a voz de cuello: “Diez pesos la bandera”.

Es que en este lugar, justo en frente de la emblemática Plaza de Mayo, la designación del arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio como nuevo Papa fue tomada con alegría por parte de quienes se acercaron a poblar la iglesia y las calles en un número que no es multitudinario.

“Me siento privilegiada de vivir esto, es el primer Papa latinoamericano y encima argentino. Increíble”, relata con lágrimas una señora con un rosario entre sus dedos. A su lado dos chicas jóvenes y un muchacho se toman las manos en ronda y rezan un padre nuestro en voz baja, como si quisieran abstraerse del jolgorio que reina en la calle para hacer de esa ceremonia algo más espiritual.

Las consignas cantadas se suceden una detrás de otra: “Olelé / olalá / si esta no es la iglesia / la iglesia dónde está”; “Viva el Papa”; “Lo dice el Papa / lo dicen los obispos / la juventud es lo mejor que tiene Cristo” o “Francisco Primero / te quiere el mundo entero”. Terminada esta última, una mujer aprovecha para decirle a su compañero: “Eligió el nombre Francisco por San Francisco de Asís, porque se identifica con la pobreza”.

Caminando unos pocos metros en dirección al Cabildo porteño, un grupo de turistas que tuvieron la suerte de encontrarse en el país, observan sin poder creer la postal de esta noche. Un poco alejada del ruido, la hermana Marta habla con un grupo de jóvenes y les cuenta que ella conoce al Papa personalmente. “Es una persona muy especial, muy austero, se manejaba en subte y andaba por las villas pero no como obispo”, cuenta y agrega: “Esto nos compromete como argentinos a que haya más fieles”.

Entre los cánticos -el Himno Nacional Argentino incluido- y las banderas argentinas flameando, se vuelve notorio en este atardecer la ausencia de un ala de la iglesia argentina que también existe y que reivindica al Cristo de los pobres. Ante la consulta por esa ausencia, la hermana se queda en silencio. Seguramente haya que buscar la respuesta en otro lado, en los comportamientos y posturas del nuevo Papa como representante de la iglesia argentina en las últimas décadas. No en esta Catedral, donde todos festejan y se abrazan al son de esa canción que dice: “Dios está aquí / tan cierto como el aire que respiro”.

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