Judía sobreviviente al Holocausto: "Llegar a Chile fue llegar al paraíso"

A sus 87 años, Ana María Wahrenberg conmemora todos los 27 de enero la liberación de Auschwitz.

Por Javiera Ortiz

Llegó a Chile en 1939, con apenas 9 nueve años. Ana María Wahrenberg explica que arribó con su madre y padre luego que el resto de su familia muriera en los campos de exterminio, "yo también estuve en un campo de concentración, porque aunque éramos alemanes profesábamos la creencia judía".

"Doy gracias por la suerte de estar en Chile, el cambio de llegar a una tierra de libertad es el mayor impacto que uno puede vivir, porque viví en Berlín "La Noche de Cristal", donde los soldados llegaron a llevarse a mi padre al campo de concentración a pesar de que luchó por Alemania en la Primera Guerra Mundial y obtuvo la Cruz de Honor".

A sus 87 años, Ana María asistió al acto que desde hace 10 años el Ministerio de Relaciones Exteriores realiza los 27 de enero para conmemorar la liberación de Auschwitz. "El acto fue muy emotivo, me tocó prender una vela lo que me emocionó. Agradecí porque me recibieron en Chile cuando venía de inmigrante, desamparada, el país nos dio una oportunidad".

Sus recuerdos en Berlín y la llegada a Chile

Ana María recuerda que cuando a su padre "lo sacaron de la casa lloré como nunca. Es por eso que llegar a Chile es un regalo, un lugar donde todos son amables, que cuando tocan el timbre y abres la puerta sabes que no te llevan detenido, que no llevan detenido a tu padre por ser judío".

"Para retirar a mi padre del campo de concentración teníamos que conseguir una visa, y llevarlo fuera del país, mi madre la pudo conseguir y lo sacamos. Sin embargo nos sorprendimos de su aspecto, estaba harapiento, enfermo y su pelo rapado, y nos dijo en ese momento: o nos vamos los tres o nos morimos los tres. En esos años mi mamá tenía un amigo en Holanda y él nos consiguió una visa para Chile", narra Ana María.

Junto a su familia, " no teníamos idea de como era Chile, si eran indios, o eran blancos, no sabíamos nada. Mis padres tuvieron que buscar trabajo en lo que fuera a pesar de que eran profesionales, esto porque no hablábamos español, pero no nos importó porque estábamos muy felices, porque nos consideraban, podíamos sentarnos en los bancos de las plazas, con 9 años me podía columpiar como cualquier niña y entrar a las tiendas, lo que estaba prohibido en Alemania, para mi Chile era el paraíso".

Respecto a la fecha de conmemoración y las actividades de memoria que se realizan en el país, Ana María expresa que "es necesario que se conmemore estos hechos, es necesario porque la gente no sabe lo que ocurrió, es por eso que doy nuestro testimonio y espero seguir haciéndolo para decir lo que pasó y que no se repita".

 

 

 

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