Trump con la cabeza en la Luna: ¿La Nasa tiene la capacidad para cumplir las expectativas espaciales del presidente?

El presidente de Estados Unidos confirmó el lunes la intención de enviar astronautas a la Luna por primera vez desde 1972 con el objetivo de preparar una misión tripulada a Marte.

Por Agencias

El lunes, a 45 años de que el último hombre pisara la luna, el presidente de EEUU, Donald Trump, confirmó la intención de enviar astronautas a la Luna con el objetivo de preparar una misión tripulada a Marte. Pero el inquilino de la Casa Blanca fue muy evasivo respecto al financiamiento y el calendario de la iniciativa.

Lejos está la época de oro de a exploración espacial estadounidense, cuando a finales de los 60 el presupuesto de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (Nasa, por su nombre en inglés) correspondía casi al 4,5% de los fondos totales de Estados Unidos.

Una vez finalizada la Guerra Fría y tras los éxitos de las misiones lunares que abarcaron de 1969 a 1972, según informa El País, el fanatismo de los estadounidenses por el espacio y el poder financiero del país decayó, significando en una reducción sostenida del dinero que recibía la Nasa llegando a menos del 1% del presupuesto total de EEUU en 2017.

Y volver a la luna, según una estimación de la propia Nasa en 2005, puede llegar a costar 100 mil millones de dólares. Un poco más de cinco veces el presupuesto del 2018 que bordea una cantidad similar a los 19 mil millones de dólares.

Inclusive la agencia espacial estadounidense ni siquiera puede llegar por si sola a la Estación Espacial Internacional. Tras haber dado de baja sus últimos transbordadores en 2011, la falta de dinero derivó en que la Nasa dependa de los cohetes de Rusia para realizar ese viaje, de acuerdo a El País.

Con los números en rojo, se ve difícil la hazaña de Trump de "soñar a lo grande". Ya en 2004, las promesas de George W. Bush sobre que los estadounidenses volvieran a la luna antes de 2020, se enfrentaron a problemas de costos económicos.

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Los expertos coinciden en señalar que para llegar al planeta rojo, que se encuentra a una distancia de 225 millones de kilómetros de la Tierra, se necesitará una verdadera proeza técnica y un presupuesto inmenso. Y por el momento se desconoce la disposición del Congreso para financiar el nuevo capricho de Trump.

Las empresas

¿La solución? Administraciones estadounidenses impulsaron la idea de una asociación con el sector privado para resolver los innumerables desafíos logísticos que se plantean. Entre ellos la necesidad de trasladar suficientes alimentos y agua para trayectos de varios meses, si no años.

El millonario Elon Musk, patrón de SpaceX, y Jeff Bezos, el propietario de Amazon, que creo la empresa espacial Blue Origin, se han reunido varias veces con los asesores de Trump tras su elección por este tema. Bezos señaló en enero en un documento sometido a la Nasa que Blue Origins tenía interés en construir una nave espacial y un "aterrizador" lunar capaces de asegurar un servicio de flete y módulos habitables en la Luna.

Blue Origin’s New Shepard Blue Origin’s New Shepard / AFP PHOTO / BLUE ORIGIN

Esto ya se veía venir como una solución al deficit presupuestario cuando James Bridenstine, un piloto retirado de la Aviación Naval y legislador republicano, fue designado como nuevo jefe de la agencia espacial estadounidense, Nasa. Ya que, según la revista científica SpaceNews, Bridenstine impulsó que el sector privado tuviera más participación en el rubro espacial.

Trajes espaciales viejos

La Nasa lleva varios años de retraso en la puesta a punto de su nueva generación de trajes espaciales, a pesar de haber gastado ya 200 millones de dólares en este proyecto, según una auditoría del inspector general de la agencia estadounidense publicada este miércoles.

Los astronautas de la Estación Espacial Internacional (ISS) utilizan hoy unas escafandras muy grandes creadas hace más de 40 años, que fueron concebidas para ser usadas sólo 15 años, de acuerdo con el informe.

Estas indumentarias han sido modernizadas muy poco a lo largo del tiempo y no deben ser empleadas para misiones de exploración lejanas por su fragilidad, y como demostró el accidente de 2013 del astronauta italiano Luca Parmitano, que estuvo a punto de ahogarse en su traje por una fuga de líquido durante una salida al espacio.

Luna NASA / AFP

La Nasa ha invertido hasta ahora cerca de 200 millones de dólares para confeccionar tres nuevos trajes que permitan a los humanos a explorar el espacio lejano, principalmente Marte.

Pero todo apunta a que las nuevas indumentarias no estarán listas hasta dentro de varios años. Para perfeccionar su puesta a punto, tendrán que ser probadas por los astronautas de la ISS antes de que la estación deje de funcionar en 2024.

Por otro lado, sólo 11 de las 18 escafandras espaciales que tenía la NASA están en funcionamiento, lo que puede suponer un problema ya que la ISS estará activa siete años más.

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El inspector general estimó que la ausencia de un programa concreto de misiones de exploración en los últimos años ha complicado el trabajo de la NASA para desarrollar sus trajes. La agencia espacial estadounidense también ha reducido su presupuesto para este programa para priorizar otros como el hábitat espacial.

La auditoría prevé asimismo que la fecha de entrega de las escafandras espaciales para la tripulación de la cápsula Orion, alrededor de marzo de 2021, deja poco margen de maniobra. El primer lanzamiento de la nave está previsto para cinco meses más tarde, en agosto de 2021.

 

 

 

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