Falsa doctora pidió perdón y culpó al Síndrome de Estocolmo

Por publimetro

Fingió por años ser profesora de Estado, enfermera y hasta médico, dependiendo de las circunstancias. Tania González Correa causó revuelo luego de que se descubriera que pese a llegar a ser la jefa de carrera de Enfermería y directora del área de Salud de la Universidad del Mar jamás obtuvo dicho título.

Después de dos años de prisión preventiva la imputada por ejercicio ilegal de la profesión, obtención fraudulenta de remuneraciones del fisco, uso de instrumento público falso y entrega de licencias falsas por fin comenzó este lunes a enfrentar el juicio oral en su contra.

En él, sin embargo, no sólo reconoció su responsabilidad y pidió perdón, sino que además le echó la culpa de sus mentiras y falsificaciones al síndrome de Estocolmo que sufriría junto con su ex pareja Héctor Letelier Pantoja. Según Tania González sería él el responsable de la falsificación de títulos universitarios.

El Ministerio Público aseguró que intentará condenar a ambos acusados a una pena de 5 años y 1 día de presidio mayor en su grado mínimo y que su declaración, la cual realizó al romper su derecho a permanecer en silencio, no será calificada como una atenuante de colaboración, ya que “existen algunas discrepancias” que deberán ser aclaradas en el juicio, según explicó el fiscal a cargo de la causa,Tufit Bufadel.

En su calidad de médico, la mujer se habría mandado  68 licencias médicas falsas, además trabajó en el Hospital de Curacaví y para el Servicio de Salud Metropolitano Central donde obtuvo, en total, alrededor de cuatro millones de pesos por sus servicios.

¿Qué es el síndrome de Estocolmo?

En 1973 en Estocolmo, Suecia, hubo un asalto a un banco en el que el delincuente tomó cuatro rehenes que mantuvo por varios días. En el proceso de negociación con la policía una de las víctimas comenzó a mostrar empatía por el asaltante, algo que llegó a tal punto que una fotografía captada por otro rehén mostró a ambos besándose en el momento de la liberación. La víctima y el asaltante terminaron casándose, dando origen al término médico que según los expertos califica la compleja reacción sicológica cuando una persona se identifica inconscientemente con su agresor, desarrollando un vínculo afectivo o una relación de complicidad.

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