Educación técnico profesional permite avanzar hasta dos quintiles a estudiantes respecto su origen

Esto de acuerdo a Vertebral, organización que reúne a 20 instituciones de educación superior de carácter técnico profesional. Según su presidente, Gonzalo Vargas, se trata de una ayuda real, concreta y a corto plazo.

Por Andrea Fuentes

Durante años ha sido desplazada y considerada el “pariente pobre” dentro del debate educativo. Sin embargo, la educación técnica profesional hoy no sólo se posiciona como una de las alternativas más importantes a la hora de elegir una carrera, también representa una oportunidad de movilidad social y de superación de las desigualdades. De acuerdo a cifras de Vertebral, agrupación que reúne a veinte centros de formación técnica e institutos profesionales del país, la educación superior de carácter técnico profesional permite a los estudiantes avanzar uno o dos quintiles respecto su punto de origen.

Gonzalo Vargas, rector de Inacap y presidente de dicha organización, dice que “las personas que sólo tienen educación media reciben ingresos del orden de los 300 mil pesos mensuales, mientras los que acceden a un título técnico de nivel superior, que son dos años más de estudios, pueden percibir más de 500 mil, e incluso, dependiendo de la carrera, llegar a los 700 mil o el millón de pesos”.

Según cifras del gremio, el 64% de los estudiantes proviene de los dos quintiles más vulnerables de la población; y un 71% son primera generación en acceder a la educación superior. De hecho, la mayoría trabaja y estudia simultáneamente.

“Se trata de una ayuda real, concreta y a corto plazo. Las carreras duran dos o tres años y ya se empiezan a ver resultados. Muchas veces significa cambiar la situación de una familia entera; y si se considera que todavía existen casi cuatro millones de personas que no tienen estudios superiores, el contar con una carrera de este tipo puede marcar la diferencia”, dice el rector del Inacap.

Déficit de profesionales técnicos

El interés por seguir una carrera técnico profesional va en aumento. Empleabilidad, bajos aranceles, además de ingresos competitivos, que en muchos casos superan los de profesiones universitarias, son algunos de los factores que pesan para que los matriculados en esta área aumenten cada año. De acuerdo a cifras del Mineduc, la matrícula en institutos profesionales creció un 59,4% entre el 2010 y el 2014; mientras que el aumento en los centros de formación técnica representó un 15,1%.

Sin embargo, y pese al aumento, el déficit de profesionales en el área sigue siendo considerable. Mientras en los países miembros de la Ocde existe en promedio un profesional por cada tres técnicos, en Chile la situación es totalmente inversa. Según cifras de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa) actualmente existe una carencia de 600 mil técnicos profesionales. Por ello es que, para Gonzalo Vargas, la educación técnico profesional de nivel superior realiza un aporte muy significativo e importante para el país en términos de equidad, pero también en relación a la productividad. “Son las carreras más demandadas, porque hoy, lamentablemente, hay muchas empresas que no encuentran el personal calificado que requieren. Entonces hay un doble objetivo. Contribuir a la equidad y a la movilidad social de las familias, y también contribuir a la productividad y al desarrollo económico del país, desde la perspectiva de los mercados laborales”.

Para Patricio Carrasco, investigador del área de Política Educativa de Educación 2020, existe una deuda pendiente con la educación técnica. “Por años ha estado olvidada del mapa de las políticas educativas; justamente, porque las carreras humanistas, científicas y universitarias son las hijas predilectas de nuestro sistema”.

Al respecto, la organización educativa ha impulsado la campaña “Mejora la Técnica”, precisamente para proponer medidas que permitan mejorar el futuro de este sector. En ese sentido, el experto indica que la educación técnica debe ser un pilar fundamental dentro de la sociedad. “Más allá del rol económico, la formación técnica es clave para terminar con las brechas socioeconómicas y territoriales de la ciudadanía, facilitar la equidad salarial en el mundo del trabajo, y avanzar hacia un nuevo modelo país de cooperación público-privado al servicio del bienestar social”.

Por lo mismo, Carrasco indica que el país requiere técnicos y técnicas contribuyendo al país desde distintas miradas y ocupaciones. “El déficit de formación técnica en el sistema educativo y laboral, más allá de la saturación laboral de ciertos perfiles, seguirá manteniendo esta dependencia monoextractiva; tal como ocurre con el cobre y como pasó en el pasado con salitre. La educación técnica está para plantearse un nuevo desarrollo del país para y con las personas. Desde allí es posible imaginar una nueva matriz productiva que permita al país contar con más recursos que permitirían lograr una mayor redistribución en base a la equidad y a la justicia social”.

“Hemos asumido el desafío”

Para Marcela Arellano, secretaria ejecutiva de Formación Técnico Profesional del Mineduc, “la educación técnica enfrenta la necesidad de actualizar sus fundamentos y alinearlos con los desafíos que tiene el país a futuro. Al respecto, señala que aspectos como las trayectorias de vida y trabajo cada vez más flexibles, creciente participación de la ciudadanía en la esfera pública, así como el desafío de avanzar hacia una sociedad más desarrollada, deben ser considerados.

“Hemos asumido el desafío de asegurar que jóvenes y adultos, trabajadores y trabajadoras, cuenten con oportunidades de desarrollar trayectorias laborales y formativas acorde a sus expectativas y capacidades en coherencia con las necesidades del país. Para ello estamos construyendo una Política Nacional de Educación Técnica que recoja las expectativas de estudiantes, docentes y apoderados de todo Chile, avanzando en cuatro elementos fundamentales para lograr el desarrollo que esperamos: Calidad y Pertinencia, Inclusión y Acompañamiento, Articulación, Gobernanza”, dice Arellano.

El propósito de Mineduc es que la situación cambie con iniciativas como la Política Nacional de Formación Técnico Profesional y la creación de los centros de formación técnica estatales. “La matrícula de primer año en CFT e IP representa hoy un 57% del total de la educación superior. El sector productivo ha comenzado a validar el quehacer de profesionales técnicos, y las expectativas laborales de ellos se han hecho más atractivas en los últimos años. Así que sabemos que hay un desafío, pero lo asumimos”.

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