Sobre el acto de escuchar a todos

  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza.

Hace unos días, el sitio canchageneral hizo una review de la cumbre del rock chileno. En el, un columnista definió que “el nuevo pop tiene un desplante pobre” y musicalmente “es monotono”. Sin contemplar, claro, que los artistas que pertenecen a esa etiqueta son los que más han ganado reconocimientos en el extranjero.

Por supuesto, el crítico (a quien no nombraré para no hacerle el favor de salir en las páginas de este diario) sostuvo sus dardos sobre los actos de Alex Andwanter, quien apeló al feminismo y a Planeta No. A ellos les puso ojo, por representar la diferencia, por militar en sus formas de ver el mundo.Finalmente, era lo que le llamó la atención, pero con ese dejo de molestia del que quiere definir todo desde lo que a él le gusta.

Esa lógica de “lo que a mí me gusta” es lo que operó en cada crítica a la cumbre del rock chileno, porque “no era rock”. Y la verdad, hace tiempo no sabemos lo que es. Y poco importa lo que sea. En un país donde las radios de rock tratan de hablarles a médicos cirujanos (y arman orgullosas campañas por lo demás) el rock es, cada segundo, un acto de conservadores. Todo lo contrario a lo que fue. El rock es orden, el pop es desorden. La vida imita al pop, por desgracia para el rock, que hace un buen tiempo se quedó en un tipo de polera, mirada y masculinidad negadora de todos los otros tipos de visión.

Por supuesto, al ver que algo está escrito en un soporte comunicacional, apareció el inmediato salto de mis amigos millennials. Mis amigos millennials, que disfrutaron del mejor momento económico de la historia de la humanidad, fueron educados como seres especiales que piensan que siempre merecen un premio y por eso tienen serios problemas con sus trabajos.

Sobre este hito, no podía dejar de ser la excepción sus comportamientos que consideran a todos con la misma entidad. Puede escribir un cualquiera, algo con titular e inmediatamente hay un espíritu de reacción que no deja de ser llamativo.

No se puede escuchar a todos. Eso en primer lugar. No se puede vivir poniendo oreja a la alameda de internet. No todos son importantes millennials. Yo sé que pueden creer que todos tienen buenas intenciones, pero breaking news: hay gente que tiene buenas intenciones y hay gente que tiene buenas intenciones y problemas sicológicos.

Como alguna vez escuché por ahí “oye, tiene problemas en la casa”. Con eso no se discute. Eso se entiende, pero no se discute.

Yo a los que tienen problemas en la casa y se disfrazan desde periodistas de rock a economistas no les paso ni mi voto, ni mi billetera, ni menos mi atención.

Ríanse un poco.

Mi medida es la siguiente: sólo merece atención el que tiene obra o tiene un éxito. Un éxito es una expresión de felicidad no un “el pop está fome porque a mí me gusta lo que vi en un VHS mal copiado de la MTV de 1998”.

Vuelvo a trabajar, que es lo que me gusta. Y a ustedes también les debería gustar más trabajar que escandalizarse tanto, millennials. Falta un poco de cinismo, de duda.

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