Todos contra el terrorismo

  • Diputado de la UDI

 

Lo sucedido el viernes en el atentado terrorista al presidente del directorio de Codelco, Oscar Landerretche, es un hecho de la máxima gravedad.

Espero, en primer lugar, que tanto él como su familia puedan sobreponerse de este acto terrorista y poder mirar adelante con esperanza y salud.

Todos los días pasan muchas cosas en los países, cosas positivas, cosas negativas, tal como es la vida misma. Pero un acto terrorista es algo que sale de los cauces normales. No da lo mismo. No podemos ser indiferentes. Es gravísimo.

El terrorismo es un cáncer grave para una sociedad, porque a través de la violencia cobarde se busca introducir miedo en la ciudadanía, afectando la libertad y la dignidad de todas las personas.

El terrorismo busca que las familias vivan intimidadas, en permanente amenaza, con sensación de inseguridad, y de esa forma los terroristas aspiran a manipular la sociedad y ejercer su acción totalitaria, imponiendo sus ideas a través del miedo y la violencia.

Por eso el terrorismo es tan grave, y por eso los países se preparan de manera especial para derrotarlo.

No se puede tolerar que el miedo se imponga y que un grupo de personas logre paralizar a una comunidad a través de la violencia. Dada su gravedad y violencia, los países dictan leyes especiales para enfrentarlo, dotan a las autoridades de facultades y recursos especiales, y la investigación e inteligencia son pilares fundamentales de la prevención y combate a esta lacra.

En Chile no es primera vez que enfrentamos terrorismo. De hecho, en la Araucanía se ve de forma recurrente, aunque las autoridades de Gobierno no lo quieran reconocer y asumir. Lo que se ha vivido es una especie de pérdida de control y sentido de autoridad en un territorio del país que pone en riesgo severo la libertad de las personas.

El atentado terrorista de este viernes tiene un componente nuevo y especial, y por lo mismo de mayor preocupación. Se trata de un acto terrorista donde el “blanco” o “destinatario” ya no es una organización, un camión, un campo, sino un blanco humano, una persona y su familia. No veíamos algo así desde el cobarde atentado al matrimonio Luchsinger Mackay. Esto ha significado correr otro límite en la amenaza a la libertad y la seguridad.

A diferencia de lo que ha sucedido en la Araucanía, donde la indiferencia del Gobierno ha sido lamentable, ante el atentado a Oscar Landerretche el Gobierno reaccionó bien. La Presidenta levantó la voz, el ministro del Interior suspendió sus vacaciones, y la condena de todos ha sido consistente. Con una excepción: el Instituto de Derechos Humanos ha sido el único con actuar tibio en este tema: calificó el hecho como una situación “delictual”, y no fue capaz de decir las cosas por su nombre, denunciando el actuar terrorista. Pero la conducta del Instituto de Derechos Humanos ya no sorprende, parece más bien un grupo político que defiende algunas ideas y personas, en vez de actuar como una organización en defensa de los derechos humanos de todos los chilenos.

Nuestro país necesita actuar unido y de forma decidida contra el terrorismo. Simplemente no se puede tolerar y, menos, esperar a que suceda otro hecho como éste para reaccionar.

Hay momentos en la vida de los países en que las autoridades deben asumir el liderazgo de forma especial, y enfrentar con fuerza situaciones que amenazan la libertad y dignidad de las personas. Este acto terrorista es uno de esos momentos. Espero que el gobierno lidere este camino y nos convoque a todos a luchar contra el terrorismo.

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