Todas las cosas que valen la pena y la gente no se da cuenta

  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza.

Pensaba en la rabia social. En el enojo permanente, que por supuesto se justifica en torno a nuestras autoridades cuando uno ve noticias. A veces, uno cree que sólo con el acto de enojarse cambia algo. Que sólo con esa mala sensación que nos queda, y nos entrampa, está sucediendo lo distinto. No es así: es mucho mejor, por supuesto, tomar acción. Pertenecer a una organización, meterse a un partido o, simplemente, levantar una causa y conducirla a un lugar.

Toda la energía sobre el tema del perro “Cholito” es tan buena, tan sana y uno mira al final, tan poco utilizada. Es un Trending Topic, pero podría servirnos para hablar del maltrato y la violencia por la violencia. Pero no se toma muchas veces así, por desgracia: se vuelve sólo una especie de reclamo que queda en nuestra larga lista anual.

Y parece que a veces, nos estamos contaminado demasiado de esa rabia para creer que estamos haciendo algo inteligente, y no es inteligente solo dejarse llevar por el odio o la rabia. Es en realidad algo que nos va enredando en malos sentimientos y en gastar nuestra cabeza, nuestro disco duro mental, en un montón de sensaciones malas. Contaminados, a veces, nos creemos capaces de estar en una frecuencia mejor de lo que criticamos y no es así. No tiene lógica alguna pensar que el odio va a traer una solución.

En general, la violencia trae más violencia y el odio lo mismo.

Nos entrampamos en una mermelada de malos sentimientos de la cual es difícil salir y en la que está de moda entrar. Está de moda insultar al otro por insultarlo. Genitalizar el reclamo siempre. Enfrentar la rabia o la injusticia desde las piedras. No desde construir ni generar algo que nos diferencie de lo poco humano. Estamos deshumanizados porque no vemos al otro, no lo encontramos, no dialogamos con él.

Poder hacer algo está en nuestras manos. Pero la gente no se da cuenta.

La gente no se da cuenta tampoco que puede ser feliz con poco, más que comprando. Que puede ahorrar si camina y decide un éxito que vaya más allá de exigirse con cosas. No sé si a veces a las personas se les va el valor de llamar un amigo por llamar a un amigo. Como un acto de transgresión de por sí, sin querer hacer un negocio, sin interés alguno. Saber cómo estás, qué te pasa, qué soñaste, alegrarse por un triunfo ajeno, conversar las cosas, que no te queden ahí, atravesadas.

Porque hay tantas cosas que se quedan ahí, como molestias, dibujadas, sin conversar ni deseo de arreglarse. Porque hay tanta competencia, miedo, temor, angustia.

Al final hay poco amor, porque las personas al final no buscan reflejar sus cambios desde lo novedoso y transgresor que es ser amable, de escuchar, de no buscar que el otro sienta miedo. El miedo pensamos que es una herramienta que algo va a modificar. Y, en general, no cambia nada. Sólo te tiene ahí, pensando en una alterna repetición lo malo que pasa, mientras la vida sigue su curso. Y tú pasas. ¿Vas a pasar lleno de miedo, odio y rabia?

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