Hablemos de amor

Por Hugo Tagle
  • Capellán UC. Twitter: @hugotagle

El martes 14 se celebra el Día de San Valentín, día de los enamorados. La historia cuenta que este obispo de la primera época de la Iglesia celebraba matrimonios cristianos en secreto, dada la persecución a los creyentes. Para evitar ser asesinados, muchos cristianos se casaban en secreto y este santo bendecía ese matrimonio. Tan valioso es el amor, que vale la pena correr el riesgo por vivirlo plenamente; por entregarse al otro sin condiciones, en salud y enfermedad, en riqueza y pobreza.

En esta fiesta de San Valentín podemos recordar verdades sencillas pero esenciales al amor. Lo primero, el amor es generoso. El amor busca el bien del otro. Su felicidad será ver feliz a quien tiene a su lado. No se pregunte tanto si es feliz. Pregunte más bien si hace felices a quienes tiene a su lado. Y, paradojalmente, sólo así crecerá su propia felicidad. De ahí que un requisito fundamental del amor sea el darse, el buscar constantemente el bien de quien tengo a mi lado. Y eso, todos los días y todo el día.

Lo segundo, como dice el papa Francisco, "el amor es concreto, está más en las obras que en las palabras. No es amor decir solamente: te amo, amo a todas las personas. No. ¿Qué haces por amor? El amor se da”. En efecto, el amor son obras y no buenas intenciones. Propongámonos hacer una obra por amor todos los días a la persona o personas amadas.

El amor requiere estabilidad. No se puede construir una casa sobre cimientos endebles.

El matrimonio tanto civil como religioso es de una gran sabiduría. Regala ese marco anímico necesario para proyectar el amor indefinidamente, sin plazos ni condiciones. Cuando el amor es incondicional, para siempre, recién comienza a ser amor, amor de verdad. Si no ha formalizado su unión, busque hacerlo. Verá que ganan mucho con ello.

Lo tercero, el amor es respetuoso. Las relaciones amorosas en Chile son tortuosas. Los índices de violencia intrafamiliar no bajan. Incluso en el pololeo o noviazgo, donde se supone debería reinar un gran cariño, se dan situaciones de violencia y denigración. Quien dice amar al otro, lo respeta, lo dignifica, lo hace sentir bien. Yo he sido testigo de discusiones de parejas en el Metro, en la calle, que superan los límites de una discusión normal, de adultos. Si son así a la luz pública, ¿cómo serán en la intimidad de su casa?

La violencia sólo engendra violencia. Quien eleva la voz, deja de tener razón. La verdad no necesita de aspavientos ni frases irónicas, hirientes o groseras. El amor requiere paciencia, comprensión, ponerse en el lugar del otro. Quizá suponga una renuncia, pero ello redundará en un mejor amor, mayor felicidad y calidad de vida.

Por último, y quizá lo más importante, el amor humano requiere de la participación de Dios. Si usted, amigo lector, es creyente, incluya aún más a Dios en su relación amorosa. Notará que éste crece, supera mejor las dificultades y dolores, se mantiene siempre joven y lozano. Si no es creyente, trate de encontrar un camino al Creador. Quien ama, tiene a Dios en el corazón, aunque no lo reconozca ¡Feliz día de San Valentín! ¡Feliz día de los enamorados!

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