Una ciudad integrada

Por Andrés Gómez-Lobos
  • Ministro de Transportes y Telecomunicaciones

Durante los próximos dos años, seremos testigos de una transformación y evolución del transporte público de Santiago: tendremos la histórica inauguración de dos líneas de Metro -que por primera vez son construidas en paralelo y que sumarán 37,3 km a la red-, el inicio de funcionamiento de un inédito servicio de tren de cercanía a Nos, la puesta en marcha de más de 20 kilómetros de corredores exclusivos para buses y de la relicitación del Transantiago, que traerá mejoras sustantivas al sistema.

Cuando pensamos en cómo desarrollar grandes ciudades miramos nuestros errores, escuchamos a la gente y vemos la experiencia internacional. Nuestra conclusión es que la integración de modos es una de las claves para la eficiencia de los traslados de los ciudadanos.

Al hablar de integración nos referimos a que una persona pase de un bus a un tren, o de tren a Metro, con una misma tarifa y medio de pago. Con el antiguo sistema, un pasajero que hoy usa bus y luego combina con Metro, pagaría $ 1.200 o más. Nuestro foco está en mejorar la calidad para los usuarios, que puedan aprovechar más tiempo con sus familias o en sus pasatiempos y, también, en colaborar en el presupuesto mensual a través de los subsidios.

Sabemos que el Transantiago hace 10 años partió de una forma muy deficiente. Se lanzó un sistema que no había evaluado los alcances que tendría y provocó mucho malestar y dolor en la población.

En una década, el transporte público de la ciudad es distinto. Hemos escuchado a las personas y en base a sus sugerencias modificamos servicios, ampliamos rutas,   sumamos vías exclusivas para aumentar velocidades, estamos mejorando 3 mil paraderos y agregamos más de mil puntos de carga bip! en supermercados, servicentros e incluso universidades, a través de máquinas de autoservicio. Además, la Presidenta Bachelet anunció dos proyectos de extensión de Metro sumando nueve kilómetros a la red, beneficiando a El Bosque, San Bernardo y Quilicura.

En ese sentido, la misma cantidad que se ha invertido en Transantiago se ha entregado a las regiones a través de la Ley Espejo, permitiendo rebajar la tarifa de transporte para cerca de 2,5 millones de usuarios. Allí, la integración no pasa por los modos de transporte, sino que busca acortar distancias con servicios básicos: con sus centros de salud, con sus trabajos o con sus estudios. No podemos permitir que un niño no pueda estudiar por no tener cómo llegar a su colegio. Actualmente, se han desplegado casi 800 servicios en zonas aisladas y rurales y otros 850 servicios gratuitos para transportar escolares -beneficiando así a más de 53 mil alumnos-, entre otras iniciativas.

Apostamos por territorios más democráticos, que no sean una barrera para sus habitantes y que distribuyan el espacio público de mejor manera, priorizando el bien común por sobre el interés personal. Y que dentro de esa dinámica, que en las ciudades de nuestro país, en lugar de permitir 10 autos en una vía, lo normal sea que demos preferencia a un bus que transporta a decenas de personas.

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