Manifiesto por la República

Por Magdalena Piñera
  • Profesora

Por estos días, cuando la política es motivo de desconfianza y división, y sinónimo de esterilidad y privilegios, hemos conocido el “Manifiesto por la República y el buen gobierno”, un documento escrito por los senadores Hernán Larraín y Andrés Allamand, el ex contralor Ramiro Mendoza y los académicos Joaquín García-Huidobro, Hugo Herrera y Pablo Ortúzar. Texto que reafirma los principios y valores fundamentales de la centroderecha, pero en consonancia con las inquietudes y anhelos de los chilenos de hoy.

Las 14 páginas del “Manifiesto” representan un valioso aporte ideológico y político para la centroderecha, más acostumbrada a los cálculos económicos que a la reflexión sobre las ideas. Y aunque es cierto que pocos dudan de la capacidad técnica de la derecha para administrar eficientemente el Estado, también es verdad que son muchos los que la perciben distante e indiferente ante los problemas cotidianos que afligen a los chilenos.

Uno de los párrafos que da cuenta de la potente sintonía del “Manifiesto por la República” con el momento actual es el que señala que “no basta con proclamar una abstracta igualdad ante la ley (…) Es necesario asegurar a todos los habitantes de nuestra tierra el acceso a ciertos bienes que son necesarios para vivir con dignidad. Las grandes desigualdades constituyen un problema político de primera magnitud, porque dan origen a dos Chiles incomunicados, que se miran con desconfianza, donde cada uno ve en el otro un peligro para la propia seguridad. No se trata de propender a fórmulas igualitaristas, sino de establecer un marco de convivencia donde las diferencias sean el resultado del esfuerzo personal y familiar, y no de privilegios”.

Pero el "Manifiesto" nos convoca no solo a hacernos cargo de las desigualdades, sino también de los compatriotas que sufren la pobreza, de las personas discapacitadas y también de la tercera edad. Y hace un llamado que quiero destacar por su justicia: “Que los más necesitados no sean sometidos a condiciones degradantes de transporte, que desmoralizan a las personas y les expropian el tiempo y el ánimo necesarios para el esparcimiento y la vida familiar”. Una amarga realidad que deberían reconocer los defensores del Transantiago, como el actual ministro de Transportes quien sobre este sistema expresó “la gente en México se demora dos horas por viaje, acá son 48 minutos”.

El documento también aborda la urgente reivindicación de la política llamando a los políticos a la austeridad: “Chile se distinguió por la sobriedad de sus autoridades: su estilo de vida los hacía ejemplares y prestigiaba a nuestra democracia. Es necesario recuperar la austeridad de nuestros hábitos republicanos y la ejemplaridad pública en nuestros líderes políticos, económicos y sociales. La arrogancia de la riqueza y el poder constituyen un insulto a los sectores menos favorecidos de la sociedad”.

Sin duda el “Manifiesto por la República” así como los textos “Convocatoria” y “Ejes”, entre los que hay una nítida coherencia, representan una sólida base ideológica sobre la cual puede construirse un programa de gobierno que no solo contenga buenas propuestas de políticas públicas sino también un poderoso relato político que justifique y sostenga argumentalmente cada una de esas políticas de cara a toda la ciudadanía.

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