País de panelistas: periodistas presidentes

Por Nicolás Copano
  • Comunicador multifacético, experto en marketing y redes sociales y emprendedor por naturaleza.

Soy de los que cree que la objetividad no existe. Sólo existen los hechos.

De ahí, las interpretaciones. Que siempre acercan a lo que es más puro: la opinión. La opinión es un acto humano. Puede ser pasional y desinformada o racional e informada. Eso es muy personal.

Tal vez se puede ser ecuánime, intentando dar espacio a todos, pero eso es distinto a ser objetivo. Ser objetivo es una forma, un simulacro de la no emoción: todos, por una historia en particular, tenemos nuestras miradas de las cosas. Somos personas, no robots. Y encima en el periodismo contamos historias, que son sólo datos con emoción.

La objetividad es una invención de los que quieren acercarse a los dioses y sólo son humanos. O los que quieren hacer trampa y sentirse mejores que uno.

Creo en otra cosa como una respuesta a esta objetividad falsa en la que siempre gana el conservador: lo importante siempre es compartir y tratar de buscar la mirada de los que no piensan como uno. En especial en esta época de cámaras de eco, burbujas de filtro. Creo que ésa debería ser una misión básica del periodismo. Lo nuevo es lo que no conocemos o las cosas con que no estamos de acuerdo.

Es cada día más difícil acercarse a eso, porque los instrumentos digitales invitan a pensar sobre seguro: así nos llega de forma más efectiva la publicidad que nos dirigen.

Dos periodistas, del mismo informativo en su momento (Hora 20, La Red) hoy son potenciales candidatos al sillón del Presidente de la República. ¿Qué pasó?

Bueno, que al final la objetividad no existe. Que siempre hay una opinión detrás de una persona.

Dicen los estadounidenses que los ciudadanos tratan de votar para presidente “al mejor de ellos”. Por eso, en su momento votaron por Ronald Reagan (por increíble que parezca) y ahora por Trump, que es un reflejo de muchas voces que no están en la burbuja de filtro o cámara de eco.

Es probable que en un país donde se diversificó la opinión, y hay una post-transición donde la gente se conecta con sus emociones, diciendo lo que cree de forma más continua, Beatriz Sánchez y Alejandro Guillier sean de alguna forma los representantes sacerdotes de un chivo expiatorio al cual habría que sacrificar según muchos: los políticos.

Esa sensación no se quita si no es con mejor política. Y que exista gente con la intención es una buena noticia.

Los dos son buenas personas, no tengo duda de ello. Sólo me preocupa eso: que son buenas personas.

El problema es que la política parece ser lo contrario y es ahí donde radica el desafío para poder mejorar ese mundo donde todo termina limitándose a una suerte de cerca de poder, donde la gente queda peleando sola sin derecho alguno.

Por eso, pasa lo que pasa: estamos en un país de panelistas. Donde todos gritan y alzan la voz y nada pasa. Como una comedia de equivocaciones donde la responsabilidad de unos y otros no está. La posibilidad de un periodista Presidente es la administración de esas palabras.

Sólo un único deseo para ellos, que no pierdan la clave del periodismo: hacerse preguntas. Ya ese ejercicio podría cambiar algo.

Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de Publimetro

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