Los días decisivos de un nuevo profesor

Por Juan Enrique Guarachi
  • Director Ejecutivo de Fundación Belén Educa

En el comienzo de un nuevo año escolar ponemos atención en los nuevos profesores, esos jóvenes que comienzan su vida profesional y que marcarán el rumbo de tantas generaciones. Podemos imaginarnos toda la responsabilidad que tienen encima, y si lo hacemos a tiempo, nos daremos cuenta que no hay nada mejor que apoyar el potencial que trae cada uno. Para ello existen dos procesos significativos: la inducción y el acompañamiento.

Si queremos optimizar el talento de este docente hay que actuar en el inicio del año. Es la oportunidad para que una escuela les relate su misión, convicciones y les genere toda la motivación para que sean parte de un equipo concentrado en el desarrollo de los aprendizajes de los estudiantes.

El objetivo central del proceso de inducción es que el docente reconozca que ingresa a una etapa fundamental en su vida profesional: su propio aprendizaje de la práctica pedagógica. Una práctica de estudio continuo y permanente. La experiencia nos ha mostrado que “pararse” ante un curso con 40 ó 45 alumnos requiere la destreza del manejo de grupo. O, lo que es más significativo, cómo el nuevo profesor capta si los estudiantes aprendieron o qué hacer con aquellos que se están quedando atrás.

Es en el plan de inducción donde el docente nuevo comprende que su palanca de mejora será dejarse acompañar por un coach o mentor que lo ayude a desarrollar sus competencias y habilidades. Si bien para muchos la sala de clases es privativa del profesor, nuestra experiencia en Belén Educa nos ha confirmado el valor de tener salas de clase con puertas abiertas para ser observado y retroalimentado en la mejora. El objetivo no está en evaluar, sino en sacar lo mejor de cada docente.

La elaboración de la evaluación de la asignatura, la planificación de la clase, la enseñanza basada en los datos y el acompañamiento son prácticas que trabajadas en forma continua y permanente, se transforman en rutinas y procedimientos que logran la excelencia.

Hemos sido testigos de aquellos que por avanzar solos ponen en entredicho su vocación profesional con aquellas afirmaciones: “he intentado todo”, “no soy capaz”, y su resignación los embarga al grado de confesar, “nunca podré”. En manos de la escuela y de sus líderes está la responsabilidad de que estos docentes lleguen a ser verdaderos maestros.

Si el desafío del docente está en ser un referente en la vida de niños y jóvenes, tendrá que estar disponible a dejarse transformar por nuevos aprendizajes y por el acompañamiento de sus líderes.

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