La disyuntiva francesa

Por Raúl Sohr
  • Analista internacional

Los franceses optarán entre dos polos antagónicos.

Uno encabezado por Emmanuel Macron, el centrista que postula una política económica liberal, reformas para modernizar el Estado, léase una drástica reducción de la administración pública y sus servicios, así como mayor integración a la Unión Europea (UE). Macron, que fue ministro del actual gobierno socialista de François Hollande, afirma que no es de izquierda ni de derecha. Se proclama a favor de las buenas ideas, vengan de donde vengan.

El otro polo es liderado por Marine Le Pen, la candidata del neo fascista Frente Nacional, que centra su campaña en el cierre de las fronteras francesas a nuevos inmigrantes y expulsar a cuántos de ellos le sea posible. Su eslogan es reconocible: Francia para los franceses. Eso significa, entre otras cosas, que es contraria a la pertenencia a la UE y aboga por dejar el euro para volver al antiguo franco. Le Pen se proclama enemiga de la globalización y la defensora de la vieja clase obrera industrial. En este ámbito ha tenido éxito, pues aparece con la mayor intención voto en dicho segmento.

En la primera vuelta electoral, realizada el 23 de abril, quedaron fuera François Fillon, conservador tradicional con 20%, Jean-Luc Mélenchon que atrajo el grueso de los votos izquierdistas con 19,6%, y Benoît Hamon, socialista que apenas consiguió un 6,4%. La participación electoral fue altísima con 78% de los inscritos. Ahora todos los votantes de estos tres candidatos deben repensar sus preferencias. Las encuestas a días de la votación muestran a Macron como el amplio favorito con 59% frente a Le Pen con 41%. La candidatura de Macron salió reforzada luego del duro debate televisado que sostuvieron este miércoles.

Una victoria de Macron representaría una derrota para la extrema derecha.

En Austria, Norbert Hofer, candidato del fascistoide Partido de la Libertad, casi se impuso con 49,7% de los votos en las últimas elecciones. Las corrientes anti inmigratorias hubiesen vencido si no fuese porque el conjunto del espectro político cerró filas tras Alexander van der Bellen, el candidato verde.

En Holanda, donde se esperaba una alta votación del ultraderechista Geert Wilders, los vaticinios fallaron pues apenas logró un 13,1% de las preferencias. Así la amenazante ola del nacionalismo xenófobo ha sufrido una cadena de reveses y el domingo podría recibir un claro rechazo.

En Francia, a diferencia de lo ocurrido con las encuestas en Estados Unidos con Donald Trump y con el Brexit, los sondeos de opinión pública coincidieron de manera precisa con los resultados de la primera vuelta.

Macron obtuvo 24% de los votos en el primer round. Si se cumplen los pronósticos rondará el 60% este domingo. El grueso de sus votantes serán franceses que lo consideran el mal menor para conjurar la amenaza del nacionalismo retrogrado de Le Pen. Así, Francia podrá continuar su rol central en la construcción de un viejo continente unificado.

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